Arte

           
        METAMORFOSIS O RÍO DE LA VIDA

A ÁNXELES PENAS


          Cuando pienso en esculturas siempre me vienen a la memoria, como primer recuerdo, las obras de Miguel Ángel en Florencia, en concreto los bloques de mármol que dejó inconclusos, donde observamos cómo la figura va surgiendo de su interior amorfo. Esto se puede ver mejor en un escultor, que en ningún otro artista, cuando trabaja la madera o la piedra. Cuando el escultor realiza ese trabajo se convierte en un dios artífice que consigue transformar la materia. Lo informe toma forma. Lo irreal se hace realidad. Lo inexistente surge. Lo muerto cobra vida. Se cumple lo heraclitiano, el cambio incesante, la muerte y la vida. En definitiva el “panta rhei”, el todo fluye.

         Somos lo que somos, y tal vez parte de lo que fuimos, y sin duda parte de nuestros antepasados, pura genética del cuerpo, y también del espíritu. Ánxeles Penas acude a la fuente de su memoria, la que fuera casa de sus abuelos, la “bayuca”(1) gallega, enmarcada en el entorno de la mítica serra da serpe (2). Allí en total soledad va reconstruyendo sus ruinas, la casa, el alpendre, los hórreos, el cultivo del campo, la plantación de árboles. Y libros, muchos libros. Allí se dejó habitar por los “espíritus del bosque”, como denomina a algunas de sus esculturas de talla directa, en maderas que formaron parte de muebles o edificios, que fueron abandonados a la intemperie hasta pudrirse, y que tuvo que empezar por devastar, hasta llegar al inmarcesible corazón como si fuesen de ébano, para salvarlas y poder darles nueva vida. Luego la gubia fue haciendo surcos, caminos, ríos, un mundo de signos, de grafismo a modo de jeroglíficos, todo un mapa de lectura políglota, sólo asequible para algunos.

          Pequeñas esculturas que no alcanzan el metro, pero que pueden ser grandes tótems, árboles en potencia porque árboles fueron. El mundo de los símbolos es muy importante en su obra, tanto plástica como poética, y también de vida, pues en esta artista vida y obra forman un todo. Árbol como símbolo del árbol de la vida, del árbol cósmico, del axis mundi (2), árbol sefirótico, árbol ancestro, árbol generador, fálico, dador de vida, en definitiva árbol sagrado. Y siempre como signo de elevación, de evolución continua, de espiritualidad. 

         La policromía en las tallas directas acaece a partir de un sueño en el que la artista camina por un bosque de esculturas de colores, tan hermosas que se siente incapaz de definirlas, en un México, tal vez tolteca. Sueño que consigue transformar la realidad y que, como toda creación, surge del caos, de la confusión, del deseo, del poder de la voluntad. Y qué mejor lugar para renacer, para reencarnarse que en la tierra gallega megalítica, lúdica y pagana. 

         Estas esculturas, imaginadas en tótems gigantes, tamaño de árbol natural me recuerdan el “bosque de Oma” de Ibarrola, sólo que éste está sólo pintado y no esculpido, aunque Agustín sea también escultor. 

          Las otras tallas son por ensamblaje. Creo que en ellas ha intervenido más la estética y la técnica de la artista, a diferencia de en la talla directa, donde hay más intuición. Y aunque ambas participan del conjunto del hacer creador, puede que en unas haya más predomino de lo uno que de lo otro, y viceversa. 

           Todas ellas esculturas que toman vida después de sufrir una metamorfosis, de rescatar del olvido cosas desechadas, de lograr que en esa transformación del artista cobren la dignidad perdida, y a veces hasta logremos, al observarlas, presentir un hálito, invisible pero real, que nunca perdieron.

        El título que Ánxeles Penas da a esta exposición Experimentos y Matrices es significativo. La artista rescata del olvido viejas maderas, papeles ya usados y desechados, experimenta con ellos, busca la intervención del azar, del juego, de la sorpresa. Aparecen fragmentos de vivencias, viejos recuerdos de infancia, sueños olvidados, aquello que el inconsciente guarda y que sirve para construir nuestro imaginario, a veces a pesar de uno mismo. Todo ello va al atanor, a esa matriz o vientre donde se producen todas las transformaciones.

         Antes de hablar de los grabados conviene recordar que la artista realizó los distintos master, en todas las técnicas, en el Centro Internacional de la Estampa Contemporánea de Jesús Núñez, en Betanzos, donde imparten clases los mejores especialistas de Europa.
 
         Lo que aquí muestra, salvo alguna xilografía, son esas matrices hechas con técnicas aditivas, papeles y cartones manipulados, donde interviene el arte combinatoria, manteniendo en el conjunto de la imagen compuesta la total expresividad de los cortes. 

        Nos sorprenden estas matrices donde vemos cartones en pliegues, gofrados, pequeños fragmentos de tela, papeles … hasta confundirnos y hacernos creer que son cuadros con collage más que la plancha de la que salieron los grabados, descubriendo la verdad sólo después de intensa observación. 

         En estas composiciones, quizá más que en las esculturas, se vea en los títulos ese simbolismo que subyace en la obra: Puerta emergente, En el centro florece la flor de Tau, Simiente alfabética, El portal de las siete claves, etc. símbolos que surgen de la vivencia, de la autenticidad, de la unión del pensamiento, del sentimiento y de la acción, que aquí se concreta en la realización de la obra.

           Ánxeles Penas nos muestra en esta exposición una obra de unidad y coherencia, de conocimiento y dominio de las técnicas. Es una artista ajena a los movimientos del momento, de las modas, de los dictados del mercado, únicamente fiel a si misma. Realiza un rescate de la memoria olvidada de las cosas y de sus propias vivencias, logrando a través de técnicas, a veces extrapictóricas, el milagro de la obra que surge de la alquimia que alcanza el artista, que es atanor en si mismo, a través de su propia metamorfosis y la transformación de la materia. 

              (*) Scardanelli 
(Ánxeles Penas. Experimentos y Matrices. Ra del Rey, Espacio para las Artes, Madrid, 2014)
                
(*) La poeta Encarnación Pisonero firma con el nombre de Scardanelli los textos sobre artes plásticas. Es miembro de AMCA, AECA y AICA.


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ESPACIOS METAFÍSICOS

A CARLOTA CUESTA


        “En el principio era el caos”
                   Génesis.

      “La vida es un bosque de símbolos”
         Malcolm Lowry 


¿Quién puede saber cómo fue el transcurrir del tiempo milenios atrás? ¿Cómo surgieron los mares y los seres que hoy habitamos esta tierra? ¿Cuál fue el origen, el inicio de esta aventura que sigue siendo misterio? Más allá de mitos, leyendas o creencias nadie sabe si fue una semilla fecunda o fecundada que trajeron seres de otros mundos; la visita de dioses que perdieron el rumbo; un huevo cósmico plantado por sabios de una estrella, todavía hoy desconocida por el hombre.

Sólo hay atisbos que nos muestran señales, indicios que nadie sabe comprender, signos que no sabemos interpretar, pero reales a pesar de los escépticos. Yacimientos, cuevas, restos monumentales, ciudades enterradas, todo un mapamundi sólo en parte cartografiado, piezas que no encajan, preguntas sin respuestas.

Se avanza lentamente, a pesar del esfuerzo de aquellos que se atreven a entrar en el laberinto sin ayuda de Medea, porque como dice el Tao “quienes hablan, no saben; quienes saben, no hablan”

Mas siempre hay quien no descansa, quien no duerme, quien no se rinde y sigue buscando los mensajes ocultos, aún no descifrados, porque lo primigenio siempre vuelve al mar y a la serpiente de oculta sabiduría.

 ¿Qué era aquél ruido que no procedía de campanas y sonaba como música inquietante? Era un rugir intenso causado por el azote del mar, olas que golpeaban las aguas y el fondo removiendo la arena como cucharas gigantes que iban desenterrando minúsculos fragmentos de tiempos antiguos, imposibles de identificar.

Qué historias escondían esos hallazgos, que tal vez vinieron de otras playas, de otros mares, de barcos que naufragaron y perdieron el norte y estaban ahora a la intemperie, esperando la mano anónima que hilvanara su rompecabezas.

Esperaban que a golpe de caracola les contasen las posibles historias que habían dejado de vivir en ese entierro involuntario, cementerio marino, tumba o fosa común de tantos sueños. Objetos inanimados que un día formaron parte de vidas, hoy anónimas y olvidadas.

Tal vez el destino terminase premiándolas con un genio sin lámpara, un artífice, un poeta, un artista que quisiera imaginar, reconstruir o inventar una historia, aunque no fuese la suya, que compensara su destierro y los transportara en busca de su tiempo perdido.

Cómo no ver en estos espacios de áridos paisajes escenas que viajan sin rumbo ni pasajero hasta encontrar su horizonte o paraíso, como si una mano invisible rompiese los hilos que los atan e impiden ser reales.

Restos de una arqueología imaginable, precisa y bella, sabiendo de antemano que no habitarán una vitrina, porque buscan una vida real más allá de lo imaginable; y también de una arqueología impropia, imprecisa, fósiles y momias no humanas o que sufrieron extrañas metamorfosis, que se ocultan al común de los mortales, porque la oficialidad no admite las dudas, los interrogantes y los cuestionamientos, porque pretenden que durmamos en la santa ignorancia y los amenes. 

Restos que tal vez fueron estrellas que cayeron en una noche loca de pasión o desenfreno, con un deseo ciego de habitar otro espacio más allá de los límites. Entonces cómo recomponer el plano, el crucigrama o el tangram de su historia? Dónde encontrar la brújula, el astrolabio y la rosa de los vientos? Dónde el faro guía?

Puede que este viaje requiera intuición, amplitud de miras, el vuelo y el todo de los sueños, nada de aparataje, lanzarse en caída libre, sin pensarlo y con los brazos en cruz.

Auténticas ciudades al descubierto, senderos, calzadas, rutas que se cortan en medio del camino a ninguna parte, pero que muestran una sorprendente grandeza, algo de su antiguo esplendor: Tarquinia, Pompeya, Phestum, Alejandría o algo más sencillo, que estuvo aquí en un pasado del que no ha quedado ni el nombre.

No olvidemos que los dioses a veces son crueles y no podemos entender sus razones o caprichos o simplemente el juego en que perdieron la apuesta que éramos nosotros.

La vida, el juego, el arte, el sueño, todo tiene su misterio y no siempre está permitido comprenderlo a los mortales. Los dioses consiente lo que quieren y “se ríen si un mortal se preocupa más de lo que está permitido”(1).

El desierto con sus arenas infinitas y las dunas que hoy parecen montañas y antes fueron olas, que murieron a lomos de nautilus o caballos que habían galopado todos los mares, y hoy soportan un sol tan abrasador que a veces se transforman en espejo, donde el que se atreve a mirarse descubre otros mundos y puede hallar la ruta secreta de la seda o el talismán que abre las puertas a todo lo imposible.


En esta muestra Carlota Cuesta pretende que con la observación se descifren o imaginen los secretos de una arqueología sin tiempo, a través de la inquietud que nos provoquen estos hallazgos no identificados, que habitan espacios irreales.

El trabajo, estudio e investigación de una nueva materia de variada arenisca y maderas golpeadas por el mar o desgarradas por la artista, donde el color se comporta de modo diferente que sobre el lienzo, y una lírica que subyace en el concepto donde entran los mundos soñados o posibles, el mito, el pensamiento y la poesía, hasta conseguir deslumbrarnos con estos espacios metafísicos.


                  (*)  Scardanelli.
(Hallazgos no identificados. Carlota Cuesta. Palacio Pimental. Diputación de Valladolid.2014)
(*) La poeta Encarnación Pisonero firma con el nombre de Scardanelli los textos sobre artes plásticas. Es miembro de AMCA, AECA y AICA.


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     “LA FASCINACIÓN DE LO IRREAL”

A Antonio Fernández Molina,
Pintor, poeta y patafísico español.

    Nos dice A. F. Molina “que sin creer no se puede crear, por ello no es descabellado pensar que quizá desde antes del origen ya estaba marcada la alternancia, de la tenacidad en el hacer, de Antonio Fernández Molina. Los apellidos de sus progenitores, Fernández Fernández y Molina Molina, le arrastran, irremediablemente, a ser poeta poeta, pintor pintor, o mejor aún, poeta pintor, poeta pintor. Esto no es gratuito si se sabe que hablamos de un hombre que se mueve a diario en ámbitos oníricos, donde sólo el espíritu templa la materia hasta alcanzar el temblor que se refleja en masonites, páginas o lienzos. Así mantiene un permanente ritmo de desasosiego, donde pretende atrapar en cada instante el pálpito y la alucinación que transformen la realidad cotidiana en eternal juego, donde la infancia sea el paraíso y todos los mundos Peter Pan. Y precisamente por esa negación a crecer, por el empeño ciego de ser eternamente niño, es por lo que mantiene casi intacta la intuición y padece anticipaciones, como la que se manifiesta en una foto de 1952, donde posa con seis dibujos suyos junto a Josefa Echeverría, que luego sería su mujer, y que resulta ser premonitoria, pues seis serán las hijas que el matrimonio tenga.

    Después de convivir con él en su hábitat cotidiano, donde su permanente actividad es un torbellino que contagia y agota, sin apenas respiro, se puede decir sin exageración, y no porque así lo dijese Cela, que Antonio vive permanentemente en arte y literatura, y esto es así porque es poeta de la vida y no sólo del verso. Mas este cansancio del cuerpo y del espíritu tiene el coste de las metamorfosis, así, a veces, las manos se le transforman en sarmientos y llevan a abrevar a la esperanza junto a la desesperación “sobre el brocal del pozo”. 

    Los cuarenta y dos adjetivos que le asigna Javier Berreiro, en un magnífico soneto, definen bien a éste artista, que por esencia es inclasificable, donde nos muestra una semblanza del hombre y del artista: “sabio, cascarrabias, sentimental, /difícil, auténtico, inconformista, /audaz, antisolemne, vanguardista, /contradictorio, raro, torrencial. /Entrañable, demoledor, vital, /arbitrario, quijotesco, artista, /profundo, gozador, maximalista, /rebelde, heterodoxo, original./Innovador, cinéfilo, curioso, /desigual, refinado, compulsivo, /valiente, paradójico, nervioso./Disperso, poeta, imaginativo, /buscador, humano, impetuoso, /atrabiliario, ingenuo y sensitivo.” Los cuales suscribo plenamente, aunque podríamos seguir ampliando la lista con: 

                                                                      intuitivo, incansable, independiente,
                                                                      infantil, compulsivo, juguetón,
                                                                      noble, sincero, intransigente, 
                                                                      estudioso, ávido, indagador, 
                                                                      insaciable, creador, bueno y genial, 
                                                                      y por ponerle punto SOÑADOR.
 
    En literatura básicamente es surrealista, aunque también postista, pánico y patafísico. Prueba de esto último es el carnet que el grupo francés le asigna por derecho propio, en mil novecientos noventa y nueve. También tiene algo del teatro del absurdo. Pero en todos los campos siempre hallamos un halo personal, que en definitiva obliga a un estudio individualizado.

    Aunque empezó siendo poeta y sigue siéndolo, su faceta de pintor ha crecido en paralelo y a veces es difícil saber cual de sus dos mitades pesa más. Como dibujante, pintor e ilustrador de libros es un informalista ingenuo, próximo al naif pero sin llegar a serlo, a pesar de que así se reconocía el propio Molina en su primera etapa. Tiene un sentido ingenuo de lo popular, manifestado en un gigantismo, signo tal vez de protección y remarque de lo esencial, que le da carta de naturaleza y sello personal, donde se muestra a la vez crítico, irónico y tierno. En parte es también surrealista, aunque no lo parezca en una primera observación, porque es intuitivo, irracional, onírico, mágico y mecanicista. Como elementos constantes en sus dibujos y pinturas hay que señalar el pez, los sombreros, la iglesia, las casas, el árbol, la luna, los animales, el hombre y la mujer, solos o emparejados, ruedas de bicis, coches y unos grandes ojos, que a veces son heterotrópicos. Elementos todos que arrancan de sus orígenes, en especial de la estancia que vive con su abuelo en los años de la guerra civil, en Casas de Uceda, y que reincide después cuando ejerce de maestro por pueblos de Guadalajara. La serenidad de los pueblos mesetarios, a pesar de las limitaciones culturales, le ensanchan el horizonte de los sueños, aunque fueron años tan duros que le dejaron en todas las cosechas la aspereza y el amargor de la agavanza.

    Cirlot le compara en su momento con Michaux, en el sentido de la coincidencia de escritores que pintan, y ciertamente no se puede negar que sus pinturas y dibujos reflejan claramente que hay un escritor detrás de cada signo, aunque personalmente creo que en muchas ocasiones levanta el vuelo y puede estar al lado de cualquier creador plástico. Así le podríamos asociar a un Gordillo en las metamorfosis, a Alcolea en las distorsiones, a Zush y a Ponç en lo mágico e irracional, a Chagall en el ingenuismo, etc. Pero sobran las comparaciones porque en definitiva A. F. Molina es un cazador que atrapa la belleza de los modos y formas más insospechados, Orfeo que enamora en la contemplación de sus obras, donde ha alcanzado, lo más difícil que pretende un artista, universalizar el sello de la casa, por lo que es identificable allí donde se encuentre. Así lo interpretó Cirlot, en su critica de 1972 y José Hierro en varias ocasiones, así lo interpretaron las galerías donde expuso, Juana Mordó y Ra del Rey, entre otras españolas, y la galerie edition Schoen, de Berlín, donde expuso junto a Lucebert, Ionesco y Günter Grass. 

    En sus pinturas se sospecha cierto temor a los espacios libres por lo que las figuras cubren casi todo el lienzo, tal vez causado por esa amplitud de espacios libres, que habitó siendo niño y huérfano de padre, donde la soledad se extiende hasta el horizonte, y que dejaron en alucinación permanente sus pulilas. Por ello lo que más resalta es la riqueza de color, donde el mar de sus colores es la amplitud de esas llanuras y así vemos predominio de rojos amapola, de ámbar y de avellana; rojo de acebo y de castaño, rojo de dalia, de tierra y de ladrillo, y rojo sangre de su incansable empeño; los verde oliva, verde hierba y verde agua; verde de junco, de berros y de trébol, y verdes de todos los sembrados; los amarillos del sol germinador de todas las cosechas, amarillo del saúco y de la pera, del girasol y del trigo; amarillo de miel, de mimbre y de membrillo; amarillo de abeja, de azafrán y de cebada, y aquellos de todos los otoños; las alforjas de sus sueños se visten de múltiples azules, desde el azul día al azul noche, hasta que llega la vendimia de la morada la uva y de la endrina.

    Tanto en la escritura como en la plástica tiene un automatismo caligramático de palpito a corazón abierto que deja ver la herida, donde nada es lo que parece, donde el sentido está en el sahumerio que derrocha y en el temblor metafísico del texto. Porque en definitiva lo que le vuelve loco a Antonio es “la fascinación de lo irreal”. Y así nos encontramos con su gusto por las rimas internas, la provocación, el juego, el absurdo, las invenciones semánticas y sintácticas, las enumeraciones caóticas, las frases invertidas, los encabalgamientos, las aliteraciones lingüísticas, las metáforas y todas las metamorfosis posibles e imposibles del fabricante que es de sueños. Aunque ha navegado en todas las aguas, desde el verso clásico, soneto especialmente, el verso libre y la poesía visual, creo que en los poemas en prosa tiene una veta espléndida en la que debería ahondar más.

    Como no podía ser de otro modo, para un hombre tan polifacético y tan prolijo, nos encontramos con algún heterónimo. Decía Mairena “¿pensáis que un hombre no puede llevar dentro de sí más que un poeta? Lo difícil sería lo contrario, que no llevase más que uno”. Así nos encontramos con Roberto Goa y con Mariano Meneses. No obstante me sorprende haber encontrado sólo dos yoes en su extensa producción, aunque ignoro si entre lo inédito, que es tanto o más que lo publicado, nos reserva esta sorpresa. De Roberto Goa no he encontrado ninguna obra, por lo que sé de su existencia sólo por citas, y de Meneses únicamente conozco La arena del sendero, pero no siento esos yoes con personalidad distinta a la de Molina, lo que me lleva a pensar que la bifurcación de su espíritu se reparte entre la plástica y la literatura. 

    Capítulo aparte merece su faceta de crítico y estudioso, tanto en literatura como en arte. Aquí el artista tiene una contención que en su faceta creadora se desborda, logrando un juicio certero y preciso, que le dan sus muchos saberes, el largo oficio y sobre todo la intuición del poeta. Descubridor de nombres olvidados, como Silverio Lanza, ahora tan en boga, de Pizarnik y tantos otros, así como de anticiparse al reconocimiento merecido de nombres como Cirlot, entonces ignorado especialmente en su faceta de poeta, cuando el tiempo ha demostrado el acierto de sus juicios como se puede ver en la magna obra de Bronwyn. 

    Su participación en las revistas literarias no se limita a colaborador, se inicia siendo creador y director de Doña Endrina(1951), la cual alcanza sólo seis números, que tiene gran significación, no sólo por las condiciones en que se hace, sin medios de ningún tipo, que empieza acertando con el nombre, como no podía ser de otro modo después de vivir en Guadalajara y admirar al Arcipreste, pero especialmente porque en ella colaboran nombres tan significativos como Silvano Sernesi, Gabino-Alejandro Carriedo, Ángel Crespo, Chicharro Hijo, Miguel Labordeta, Gregorio Prieto, Gabriel Celaya, Fernando Quiñones, Manuel Álvarez Ortega, Manuel Pinillos, Francisco Nieva, y hasta Paul Eluard en traducción de Celaya. El dibujo de portada era de Madrilley y los poemas también iban ilustrados, lo que demuestra ya desde el principio su doble vocación. ¡Todo un milagro! 

    Olvido imperdonable sería el no citar aquellas revistas importantes en las que tuvo papel protagonista, así la de Cela, Papeles de Son Armadáns, de la que fue secretario de redacción; la de Miguel Labordeta, Despacho Literario, de la que fue redactor jefe, y la zaragozana Almunia, nombre que sin duda le viene del pueblo en que se imprime, la Almunia de Doña Godina, de la que es actualmente director.

    Ha traducido poesía portuguesa, a Pessoa entre otros muchos, y francesa, en concreto a artistas que eran Janos bifrontes como él, es decir pintores y escritores, así Max Ernst, Paul Klee, Hans Arp, Wools, y a Cocteau en su magnífico “El ángel de Heurtebise”.
 
    De su extensa obra, donde encontramos un puñado de ismos, cubismo literario, dadaismo, expresionismo, creacionismo, ultraismo, postismo, expresionismo, surrealismo, así como patafísico, pánico, realismo mágico y sobre todo realismomolina, es difícil mostrar predilecciones, pues en tan abundante cosecha a veces el trigo se mezcla con el bálago, pero ciego estaría el que no viera que es un prometeo que lleva el fuego sagrado de la creación entre las cañas huecas. Si tuviera que elegir me quedaría con la primicia del Cuello cercenado, El visitante melancólico, Cantata en el iceberg, Dentro de un embudo, Cabeza de árbol, Entre las cañas huecas, Las fuerzas iniciales, algunos de sus sonetos, muchos de sus poemas en prosa, los guiones de cine y casi todos sus dibujos y pinturas, donde al igual que Wols (probablemente el pintor que más admire), consigue plasmar el temblor vital que sólo se alcanza cuando el alma se entrega. 

    A. F. Molina malabarista del pincel y la pluma, mago que logra que lo imposible se transforma en real, patafísico por decreto y por derecho, orestes entre dos siglos, el que pinta con las dos manos, el que plantea problemas sobre los que nadie reflexiona, como dice Gabino-Alejandro Carriedo, un benengeli no reconocido que “lamenta ver como a veces le ignoran” (“aunque quizá un día de él se hable”), único, genial e irrepetible, tanto que sino existiera habría que inventarlo. 


            (*) Scardanelli.

 (homenaje a A.F.M. Revista Laberinto, abril 2003)
(*) La poeta Encarnación Pisonero firma con el nombre de Scardanelli los textos sobre artes plásticas. Es miembro de AMCA, AECA y AICA.



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   GRANDES OLVIDADOS: Julián Casado 


    La pintura de Julián Casado, pasa por diferentes etapas, y muchos le consideran constructivista, reconociendo él mismo a Sempere como su maestro. Su obra es más que pintura absoluta, como Mondrian o Malevitch, porque la esencia de la línea y el color no tiene aquí nada de antiemocional deliberado. La perfección de su técnica, unido a un pensamiento profundo, le lleva a ir más allá, o más adentro, de modo que podríamos hablar de una pintura metafísica donde la contemplación no es emoción sino embeleso, pálpito, un casi éxtasis.

    Yo diría que Julián tiene una obsesión en sentido positivo con la luz. No sólo porque la luz sea un tema eterno en la pintura, que lo es, si no por algo personal que sólo a él concierne y posiblemente deba seguir en la interrogación o el misterio.

    Suele hacer serie de cuadros, hasta agotar un tema. Así Homenaje a San Juan de la Cruz, Homenaje a Malevitch o Cosmos aleatorio. Esta última le surge al escuchar la obra musical de Claudio Prieto en homenaje a Federico Mompou. Pero el motivo es lo de menos, lo verdaderamente importante es el milagro que consigue.

    Julián estudia el espacio y sus posibilidades. Subdivide el cuadro en varias figuras geométricas, y la esfera es el elemento común como un sol gravitatorio. Tomando como ejemplo la serie Cosmos aleatorio juega las variantes posibles que le permite la combinatoria de dos trapecios fijos y dos variables. Va haciendo juegos de líneas y planos: rombos, cuadrados, trapecios y triángulos en combinación con la densidad lumínica del cromatismo, las luces y las sombras, tanto internas como externas al volumen.

    Aquí no hay nada al azar. Todo está medido y calibrado. Con la distribución adecuada del espacio y la gradación o degradación de los colores consigue atrapar el misterio, lo que unos llaman la cuadratura del círculo, los iniciados la geometría sagrada y Julián la arquitectura de la luz.

    Sus obras son tan poderosas que logra engañar al observador haciéndole pensar que hay un foco sobre el cuadro, cuando es luz natural lo que ha pintado. El trabajo profesional de muchos años le lleva a conseguir un no sé qué que quedan balbucíendo.

    Esto y un lenguaje propio es a lo que aspira todo artista, y muy pocos consiguen. Sus obras tienen un sello personal que se identifican sin necesidad de estar firmadas, con independencia de que la firma vaya detrás del cuadro para no romper la magia que ha logrado.

    Estoy segura que esta exposición será la más importante del año sobre un pintor vivo, porque Julián Casado es un grande entre los grandes.  
             (*)  Scardanelli.
(Exposición Grandes olvidados: Julián Casado. Ra del Rey. Espacio de Arte. Madrid. 2.010)
(*)La poeta Encarnación Pisonero firma con el nombre de Scardanelli los textos sobre artes plásticas. Es miembro de AMCA, AECA y AICA.



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HISTORIA DE UNA UTOPÍA

Museo de Arte Contemporáneo, 
Costa da Morte, Corme Porto (A Coruña).
 
     A lo largo de la historia diversos escritores o filósofos han pensado en una sociedad utópica, y han escrito sobre ella, aún sabiendo que no era realizable. Desde La República de Platón, la Utopía de Tomás Moro, que acuña el termino, la Ciudad del Sol de Campanella, La Nueva Atlántica de Francis Bacon, El Viaje a Icaria de Étienne Cabet, Una utopía moderna de H. G. Wells, el Erewhon de Samuel Butler, las Noticias de ninguna parte y El paraíso terrestre de William Morris, o La Isla de Aldoux Huxley, el hombre no ha dejado de soñar un mundo mejor como posible. 

    Aquí no tomamos el término en sentido literal como lo que no está en ningún lugar (topos), sino en el sentido de modificar las condiciones sociales, que consigan en el tiempo lo que al inicio era imposible. Se trataría de alguna manera de influir en los acontecimientos, para mejorar o impedir que empeore nuestra sociedad, y en ese sentido el término se aproxima a la esperanza.

    Cuando falleció el pintor Julio Pujales, Cristina, su viuda, manifestó muy pronto el deseo de constituir una Fundación para promover su obra, y el arte y la cultura en general, con todo lo que esto conlleva. Sorprende en estos tiempos de tanta vanagloria, egoísmo, vana palabrería y poco buen hacer, encontrarnos con una persona como Cristina Torre Cervigón que ha demostrado esa generosidad, y más admirable aún cuando ha llegado hasta hipotecar su patrimonio para hacer posible esta utopía, ante la falta de apoyos institucionales, con independencia de todas las crisis que se quieran, pues para ciertas cosas siempre llega el presupuesto. 

    Cuando se constituyó la Fundación Torre-Pujales Museo de Arte Contemporáneo Costa da Morte, en octubre de 2006, me costa que nadie creyó que este proyecto llegase a puerto. Hemos tenido muchas dificultades, y aún seguimos teniéndolas, pero por encima de todo, al equipo que ha colaborado haciendo posible este sueño, nos mueve una voluntad increbantable en la tesis Goethiana, que nunca falla, a saber que la voluntad vence al mundo. 

    Gracias al esfuerzo de un pequeño número de personas hoy es una realidad que la Costa da Morte tenga el primer Museo de Arte Contemporáneo. Corme Porto será el epicentro, porque allí está la sede, pero nacemos con una ambición de universalidad, como lo demuestran las becas a artistas plásticos a nivel internacional, que se llevan a cabo desde el inicio, y nos gustaría colaborar con los distintos Concellos de la Costa da Morte, ofreciendo nuestra colaboración, asesoramiento y ayuda para hacer que esta zona, que ha estado demasiado tiempo aparcada en el olvido pase a ser algo reconocido por su singularidad, altura de miras y logros, llevando a sus costas un turismo de calidad y permanente, basado prioritariamente en la oferta cultural. 

    Creemos que este Museo sería digno de estar en cualquier capital de provincia, mejor que sea así. La cultura es lo que hace grande a un pueblo, y nuestro empeño va en este sentido. 

    El edificio es singular, en cuanto a la arquitectura interior, teniendo una escalera realizada de modo artesanal, peldaño a peldaño, algo impensable actualmente cuando todo es prefabricado, por el arquitecto Carlos Hurtado Casanova (quien realiza el proyecto original del Museo), en colaboración con el forjador Candido Cancela, al igual que la pirámide de la terraza, que sólo por estas piezas, que son esculturas en si mismas, merece el Museo una visita. 

    La obra del pintor coruñés Julio Pujales está en el Museo, en casi toda su producción, salvo algunas obras que son colección particular. Y las donaciones de otras obras de nuestra Presidenta Cristina Torre Cervigón tienen nombres significativos y de amplia trayectoria reconocida. Si a esto se le añade que es una colección que va creciendo a través de la becas para artistas plásticos a nivel internacional, pronto será una característica del Museo la cantidad y calidad de obras de arte contemporáneo de artistas de prestigio a nivel mundial.

      
          (*)Scardanelli. 
(Catálogo editado por la Fundación Torre-Pujales, y la Diputación de A Coruña. 2.012)
(*)La poeta Encarnación Pisonero firma con el nombre de Scardanelli los textos sobre artes plásticas. Es miembro de AMCA, AECA y AICA.


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“LA PINTURA ES COSA MENTAL”

A Mª Victoria de la Fuente, pintora.



    “Madre, tráigame más papel, traiga todo el papel que pueda./ Voy a comenzar un nuevo capítulo de mi obra./ Voy a titularlo:“A la sombra de las muchachas en flor”. 

    Cuando Gastón Baquero escribía estos versos finales en el magnífico poema “Marcel Proust pasea en barca por la bahía de Corinto”, aparte del acierto genial de identificar a Anaximandro con Proust, definía la obsesión del verdadero artista como la más fiel compañera, desde que se despierta su vocación hasta su muerte, ya sea para lúdico viaje o tormentoso camino.

    El viejo mandrita paseaba en silencio a la sombra de un quitasol, “mitad verde mitad azul”, perdido en sus meditaciones, hipnotizado con las aguas cárdenas de la bahía y la belleza de las hetairas en flor. Y fue en esa serenidad inmóvil como descubrió el enigma del tiempo y el poder de los contrarios, donde cada elemento lleva en germen la potencia de destruir a su opuesto, aunque ninguno prevalezca por completo sino que se impone la alternancia, que es otra forma de equilibrio.

    De la Fuente queda marcada e inicia, sin saberlo, ese peregrinaje de doloroso goce que supone la entrega total al mundo de la pintura, en la ría de su Vigo natal, cuando aún necesita auparse a una silla para ver las puestas de sol y las tormentas sobre el mar. Hablo de sus días de infancia en la casa paterna, ubicada ante un privilegio de azules de mar y cielo, de hortensias y de glicinias, y verdes infinitos. Etapa casi edénica para Mª Victoria, según propia confesión, que demuestra dejar un peso y un poso que en el futuro hará que el lienzo sea refugio o búsqueda de aquél tiempo perdido. 

    El lienzo, esa piel sombra, tan inseparable como la epidérmica, exigente como todo lo que pertenece al espíritu, reclama su alimento de aceites y pigmentos, soportes necesarios para que la mano deje sus huellas y marque sus signos, inscritos con tinta de lunas y obstinación de tea, aunque sólo los vean aquellos que logren penetrar su lenguaje. 

    Alternancia de tonos entre mares y cielos, los ocres del terruño, los verdes del campo y la arboleda y el oleaje verdeazul de las olas que se encrespan y serenan al capricho impredecible de la luz y la sombra, al paso de las estaciones que avanzan hacia oriente, desde el alegre limón al terciopelo que cubre los membrillos. 

    Empeño de yunque que nunca la abandona en el logro de técnica, símbolos y misterios, cónclave de vida, germinado desde el inicio en ese mar Atlántico, para dárnoslo trasformado, desde lo cotidiano y sencillo, en pretensión de esencias, exigencia y rigor de todo lo perfecto.

    Los grandes ventanales de las casas gallegas, lisos o en múltiple cuadricula, tienen algo de barco y de interior de casa japonesa, en especial en los días brumosos o cuando la lluvia llora los cristales. Ese empañamiento o veladura atenúa la visión y los colores como si de un shoji se tratase, que sólo permite el paso de la luz y la visión ha de adivinarse.

    Los ojos ven la luz tamizada a través de esos ventanales que son hosho o papel japonés más que frío e hiriente cristal. Podríamos decir con Tanizaki que la visión se hace tacto y casi terciopelo y aunque no sea fruto de arroz se le parece en rugosidad desplegada y calidez. 

    La retina esponja inconsciente y voraz que atrapa las imágenes y las guarda en el desván de la memoria, cuánto de mar y cuánto de cielo plegó en ellas, para extenderlo más tarde sobre el lienzo.

    La memoria, pozo mágico dispuesto a aflorar sin previo aviso, sabe de sus meditaciones y no olvida que el mar es germinativo, campo de almendros nacarados y dulces violetas que no requieren siembra. De ahí le brota la energía que exige el temple del acero, la fortaleza que requiere cualquier transformación, cambio o metamorfosis: Informalismo, Nueva Figuración y Expresionismo. Firmeza y seguridad para cambiar la forma, sin tocar el corazón de las semillas.

    El encuadre perfecto, el marco idóneo, cada objeto en su sitio, y el cielo para soñar la realidad vivida. El pincel toma vida a través del recuerdo, nunca de copias. Del interior hacia fuera toma cuerpo el deseo. Marco idóneo el silencio, el modelo sería incomodo testigo. 

    Botes o tarros de cristal, vacíos o con pinceles, tubos repletos o retorcidos, óleos derramándose. Caballetes, maniquíes, escuadras, trapos usados, la mesa repleta, la silla poco usada y la ventana siempre. Ventanas verticales, abuhardilladas o claraboyas. La luz imprescindible. Recinto cotidiano del goce y la fatiga, cuyo nombre de pila es la verdad desnuda: rincón de mi taller, la noche en el taller, mesa del taller... Instrumento indispensable de trabajo ya que no utiliza nunca la paleta sino que extiende los colores en un cristal sobre la mesa, lo que hace que esta se trasforme en un campo de batalla y así se manifieste.

    La luz como expresión del tiempo, del paso de las horas y sus cambios, del rosicler al negro pasando por la riqueza tonal de los colores. Desde los grandes ventanales apenas se ve naturaleza, las ramas desnudas de algún árbol o unas hojas flotando a la deriva ¡Y no es casual que sólo se den en los nocturnos! El cielo con todos los azules es la visión por excelencia. Ante el milagro de la luz, el resto es intrascendente. Síntesis de la materia, eliminación de todo lo superfluo.

    En estos Interiores, de trabajo o vivienda, naturalezas muertas, bodegones, mesas pegadas siempre a la ventana, aparecen escuetos los detalles. Objetos difuminados, casi excusa. Algunas flores, algunas frutas, algunas setas. El vaso, el sifón o la botella como filtro añadido a los cristales para mermar la luz.

   En El elogio de la sombra se dice “que la oscuridad es la condición indispensable para apreciar la belleza de una laca”. Las más apreciadas son las negras, marrones o rojas, conseguidas a base de cientos de “capas de oscuridad”, colores estos en los que abunda en su primera etapa, que más tarde dulcifica con él remarque geométrico y el juego de contrarios entre luces y sombras que acentúa el rico cromatismo. Su expresionismo es más de atmósferas que de desgarro y sus formas encierran las líneas más precisas. Las nacaradas superficies, con los blancos bruñidos o enturbiados, los verdes del recuerdo, los rojos del olvido y todos los azules de los sueños son caricia táctil para la vista. 

    En esos Estudios e Interiores no podía faltar el Homenaje a Morandi. No es sólo la admiración al maestro, es la coincidencia en la síntesis, lo escueto, lo sencillo, el acierto y la delicadeza del trazo hecho sin esfuerzo, la limpidez de los colores. Es el decir lo más con los mínimos recursos, universalizar lo personal, los detalles más nimios, aquellos que todos olvidamos en el rincón de una alacena. Lograr atrapar lo fenoménico y plasmar la serenidad de lo minúsculo pues Dios también anda en los cacharros de cocina como decía la mística de Avila.

   Los nocturnos son una prueba más de la elección de los contrarios. La luz transfigurada, sombra de sol y luz de luna, tímido desvelamiento de los objetos que con las mascaras calzadas muestran su lenguaje sin recato. La sombra y la luz son los puntales de su arte y en ellos hay rastros de los clásicos del género, ya Vermeer, ya Turner o Rembrandt.

     Galicia por todos los rincones. Medula de su espíritu que transforma en materia, en paisajes marinos, puertos, mejilloneras, barcos y en la dulce tonalidad de los colores. Las tormentas que viera en su infancia, los rayos rompiendo las olas, el rosicler nocturno manchando el horizonte. Cómo no entusiasmarse con los mares de Turner, los barcos a la deriva y en zozobra y esos cielos de vaca desollada, sangre de muertos que engulleron las aguas, venganza de tormenta que los fija en los cielos.

    El puerto de Vigo en el recuerdo, retina enamorada que acompaña sus pasos allá donde se encuentre, aguas plagadas de sedientas hortensias y náufragas glicinias y un cielo hambriento de esas aguas, replica exacta del espejo. Como es arriba es abajo, se cumple la máxima esotérica, destino irremediable, se tocan los extremos. Los barcos, su dulce balanceo en la cuna del puerto, la suave veladura y la luz tintineante del crepúsculo, en puro reverbero, transmiten el sosiego que busca el hombre de mar en su retiro. Y estoy hablando de un nocturno.

    Nocturno también es El viejo astillero. Hay sombras cuyo fin es ser sombras sin más y ya es bastante, pero cuando Mª Victoria pinta la noche busca atrapar la luz de las tinieblas, tan bella o más que la diurna, y sin duda más hermosa si es crepuscular. El Nocturno desde mi terraza y La ciudad y la noche son una visión arrebatadora donde el tiempo se ha detenido mientras ella pintaba. La ciudad es un hervidero en difumino, los verdes, cárdenos, azules y ocres abrasados han atrapado la eternidad por un instante para el disfrute de los ojos.

    Sobre la sombra se puede decir mucho, pero qué es ese algo invisible que sólo se manifiesta ante determinadas circunstancias. No es tema para tomarlo a broma, la literatura y la filosofía lo recogen en variedad de obras. En Las aventuras de la noche de San Silvestre (Cuentos fantásticos a la manera de Callot); en La maravillosa historia de Peter Schlemihl de Adelbert von Chamisso; en los cuentos de Hoffmann; en el tratado Ars Magna lucis et umbrae del humanista Kircher; en la Teoría de los colores de Goethe y en obras y fragmentos de los filósofos griegos.
 
    El hombre ha jugado siempre con las sombras; existe el arte de las sombras chinescas, el teatro turco de artesanales figuras planas perforadas, nuestras tradicionales marionetas y hasta las simples manos juegan a componer sombras certeras en los muros. Y es que tal vez eso que no sabemos qué es ni en qué consiste, que no puede cogerse ni tocarse, forma parte de los misterios de la vida. Y el hombre, ese ser insaciable, quiere saber, necesita saber para seguir creciendo. Y la pintura como la poesía y cualquiera de las Bellas Artes no son otra cosa que conocimiento, en el sentido de desvelar, de atrapar lo oculto, lo que requiere una percepción diferente porque diferente es la materia que lo forma. 

    El juego de contrarios se muestra también como hemos visto en los Exteriores donde los temas constantes son la ciudad, Madrid especialmente, y su tierra natal, con las marinas, puertos y astilleros. Los dos mundos que ella más ha vivido.

    Según Pascal “El hombre no es más que un junco, el más débil de la naturaleza; pero es un junco que piensa. Y aun cuando el universo le aplastase, el hombre sería más noble porque sabe que es más fuerte que aquello que le mata....Toda dignidad consiste, pues en el pensamiento”

    La pintura de Mª victoria tiene mucho de reflexión, el mismo hecho de ejecutarla desde el recuerdo y no copiando del modelo nos indica la fuerza del intelecto. Es pintura deductiva no intuitiva. Antes que el filtro de los ojos, que ejercen de tul y de piedra de luna, está el filtro de la mente. Se piensa el adecuado enfoque de los ángulos, la distancia de los elementos en el espacio, la arquitectura del conjunto, la hora del día que se quiere plasmar y la luz a doc para ese instante.

    Esas reflexiones meditativas están cargadas de vida, no son objetos muertos captados por la instantánea de una cámara fotográfica, excepto quizá si se tratase de la kirliam que nada tiene que ver en este caso. Son cuadros donde también se ha meditado el sentimiento. “Mejor no vio quien vio lo verdadero/ que yo, que lo pisaba pensativo”, nos dice Dante en su visita a los submundos para indicarnos la fuerza del pensar.

    Se equivocan quienes piensen que aquello que procede de la mente ha de ser frío. “La razón es también una pasión” nos dice Eugenio D´Ors y eso mismo nos quería decir la cita de Dante. Iguales consideraciones están en Unamuno cuando dice -lo piensa el sentimiento, lo siente el pensamiento- o Pascal en su celebre frase “El corazón tiene razones que la razón no comprende” a la que replican los Alvarez Quintero “la razón tiene razones que no comprende el corazón”(estoy citando de memoria).  

    No es casual que los personajes que elige De la Fuente para sus retratos sean filósofos, pensadores y ancianos: Bertrand Russell, Aranguren y Galdós. Los personajes femeninos son mujeres de su entorno próximo, incluso la mendiga de la esquina, La pensionista, de la que observa con asombro cómo aún en ese lamentable estado mantiene la dignidad intacta. Miseria que encierra la grandeza de los espíritus selectos, pues bien decía Goethe “La dignidad no ha de cederse ni ante los dioses”. Son retratos de seres que conoce muy bien y que surgen desde la admiración, el asombro y el deslumbramiento.

    La vida interior acaba por reflejarse en el rostro de los hombres, tierra fértil a todos los cultivos donde el arado de la vida marca como a fuego los surcos, las aristas y la palidez de la epidermis. El caso más extremo se da en la literatura con la obra de Oscar Wilde. Por tanto la faz de una anciano es como un libro que ya ha cubierto todas sus páginas.

    La atmósfera que reflejan es casi espectral, no en sentido tétrico sino de viaje hipnótico. La sensación que provocan es la de alguien saturado de haber vivido buscando aquello que anhelaba, de alguien que ya ha encontrado la respuesta a múltiples preguntas.

    Los personajes son casi traslúcidos, casi etéreos, son “un no sé qué que queda balbuciendo”, tal vez el alma captada en un instante de viaje distraído. Todo ello producido por el juego de luces y sombra y esa reverberación que hace intangible la materia y que sólo puede lograr un maestro de la técnica.

    Rostros serenos como de seres que están de vuelta de las cosas a los que ya nada les preocupa demasiado porque están casi en la otra orilla pero que encierran algo de drama y algo de patético. Las figuras tienen un suave goyesco, los blancos y negros son impecables y su acabado tiene la factura de la obra lograda.

    El mismo retrato de su madre se sale de las normas conocidas. Aunque sea una obra hecha desde el amor en ella no se refleja la ternura, que es lo habitual en estos casos. Es un retrato poderoso, donde se intuye la energía del ser que lo habita. Dada la enorme implicación con el personaje, nada más fuerte que él vinculo madre-hija, suponemos que ha hecho un esfuerzo tremendo de abstracción para limitarse a reflejar la admiración y eludir el sentimiento. Nadie podría adivinar que esa mujer, casi totémica, es la madre de la artista si ella no nos lo dijese.

    En estos retratos se ve que valora sobre todo el substrato de las cosas; lo que más la deslumbra es la inteligencia. Va a lo esencial, no se queda en la superficie. Es también una manera de decirnos, que esos rostros desgastados por el paso de la vida, cargados ya de todas las fatigas, desencantos, alegrías y tormentos, encierran la mayor de las bellezas, la sabiduría que asimilaron mientras buscaban el tiempo perdido. Son bellos no sólo porque en esta serie De la Fuente alcance el logro mayor de su pintura sino que son bellos en sí.

    Hay un cuadro significativo por su particularidad y excepción, dado que es la única naturaleza animal que encontramos en toda su obra. Me refiero a El Gato en el sillón. Y no ha de sorprendernos que sea un gato el animal que elige, ya que es el más solitario y pensante entre los domesticados, lo que resulta acorde con sus gustos de discreción e inteligencia. Y considerando el protagonismo que la pintora le asigna cabría incluirlo en la categoría de los retratos, como un pensador de otra especie que ha tenido un descuido en la penumbra dejándose atrapar en lo más íntimo.

    Nos dice J.C. Bailly al hablar de los retratos de El Fayum, los más antiguos que se conocen, que “La representación de un rostro singular es como el calco de la singularidad misma: singularidad de cada rostro, singularidad de que existan o que hayan existido todos estos rostros y que en cada ocasión cada uno sea o haya sido el único, el último en ser así, viajando con ese rostro por la vida, enviado como tal a la muerte”. Y dice esto desde un análisis totalmente moderno, entendiendo el retrato “como representación exacta, o que procura serlo”, al margen de quién sea el personaje, ya rey o mendigo, aún ser viviente o habitante del reino de las sombras. 

    Por lo que sabemos se podría decir que el retrato ha existido desde que existe la pintura, al margen del mito fundacional que relata Plinio en su Historia Natural donde cuenta “unos dizen que fue hallada en Sición, otros que en Corintho y todos concuerdan que fue rayando alrededor la sombra del hombre. Y que esta tal fue la primera”, y más adelante “los primeros que la exercitaron fueron Ardices, corinthio, y Teléphanes, sicionio, sin usar hasta entonces de color alguno, pero esparciendo ya líneas por dentro, y así se instituyó escrivir también los nombres a los pintavan”. Es una feliz coincidencia que Plinio nos hable de Corinto, donde Gastón señala los mágicos encuentros de Proust y Anaximandro, allí donde eran posibles los milagros a la sombra de las hetairas más bellas de Grecia, mar al que acuden los que persiguen la belleza para inundarse de esas aguas donde los dioses se bañaron.

    Los retratos son un reflejo del deseo de inmortalidad que, de una forma u otra, todos ansiamos. Por ello no importa que se trate de una persona aún viva o que ya haya muerto, porque el hombre al fin es un ser para la muerte. De lo que se trata es de atrapar el espíritu, captar las esencias para que perdure lo verdadero. Y este milagro lo consigue De la Fuente, en él más alto grado, pues esos cuerpos, algunos casi traslúcidos, son como la transfiguración del alma que antes de la partida pasa un instante por el lienzo y allí queda prisionera.

    Todo auténtico creador pone en su obra lo que intencionadamente quiere más lo que aflora del inconsciente, reflejo de su naturaleza, y que él mismo, a veces, desconoce. Esto venía a decir Unamuno de sus nivolas y sin duda ello es extensible a cualquier campo de creación.

    La personalidad de Mª Victoria es observadora, reflexiva y crítica. Y esto de alguna manera ha de reflejarse en sus cuadros. Siente especial debilidad por los seres indefensos y en los polos extremos de la vida se encuentran los más necesitados, ancianos que antes fueron niños y niños que pueden ser ancianos. 

    Los niños son niños tristes en los que no aflora la sonrisa, de rostros indefinidos, presentes pero distantes. Pequeños solitarios, que tienen por toda compañía una muñeca, lo que nos sugiere la posibilidad de que sólo sean niñas. En cualquier caso no son Alicias ni tienen conejos divertidos ni mágicos espejos ni están en ningún país de maravillas. 

    En los ancianos está la soledad no deseada, la desolación, el abandono, pero no sabría decir porqué me resultan más trágicos los niños, como cargados de mayor patetismo. Me viene a la memoria El niño de Vallecas al contemplar El mundo de la pequeña Isabel, La abuela Rosalía o La familia. Son víctimas inocentes, seres en permanente asombro, marginados del mundo de los mayores, siempre cargados de interrogantes. Seres anónimos hasta en los nombres donde el padrino es la invención.

    Las maternidades tienen un no sé qué de abatimiento, no son gozosas, a pesar de ser serenas, se aproximan al desasosiego. Parece que pesaran más la responsabilidad y las dudas que el goce de esa etapa que, por definición, debía ser idílica. Tienen algo de goyescas. Tal vez no sea aventurado decir que esta visión esté marcada por el mundo de las madres gallegas, cuyos hombres o emigraron o viven en la mar y ellas son las que llevan en solitario la familia. Quizá la fuerza de estos cuadros resida precisamente en esa crítica muda que, sin rozar la anécdota, desde lo puramente plástico, unas veces con acritud o crudeza y otras con ironía, nos dice sin decir.

    Las figuras son suaves, evanescentes, como si la niebla del paisaje hubiese invadido el alma de las telas, dejándonos una cierta inquietud al observarlas superada, no obstante, por la belleza de su contemplación.

    El casi grito contenido de esos niños y maternidades tremendistas, son otra forma de belleza en oposición al lirismo de sus naturalezas. Una muestra más de los contrastes en su pintura. Toda una filosofía de vida.

    Desde las cuevas de Altamira o Lascoux el hombre ha querido dejar constancia de su sentir y pensar, nos ha dejado sus huellas, hemos visto su mensaje. Unas veces como necesidad vital o del espíritu; otras por la costumbre o como signo externo de poder; como medio de propaganda política o credo religioso; como alta alegoría o como relajación de las costumbres. Así los techos de las catedrales o palacios, los muros de Centros de Enseñanza, Política o Deporte; los sitios de recreo y hasta la humilde casa. Así los Monasterios bizantinos de Meteora, las Tumbas de Tarquinia, la Domus Áurea de Nerón, la Cúpula de la Sixtina, la Habitación de los Esposos, la Capilla de los Escrobiatti, el Palacio de la Razón, la Casa de Priapo y los Lupanares Pompeyanos, las Logias Vaticanas, que tanto han servido de modelo, y un sin fin de Grutescos que evolucionan desde lo monstruoso primitivo hasta el refinado arabesco. 

   En el Arte contemporáneo el muralismo renace con la transformación social mexicana. Su tendencia revolucionaria hace que predomine el concepto ideológico por encima de la realización plástica, así Rivera, Orozco y Siqueiros. Sirven de fondo a los movimientos de masas y su popularidad hace que se extienda a países como U.S.A., Brasil o Argentina y prácticamente a todo el continente americano. En Europa el tema es más complejo y salvo excepciones no tienen ese carácter de propaganda ideológica, son más religiosos, alegóricos o decorativos.
 
    Santiago de Compostela, esa pequeña ciudad con sus calles orladas de bellos soportales, la majestuosa catedral, las múltiples iglesias, todo tan contenido y ajustado a la medida del hombre que la hacen irrepetible, hasta el punto de pensar que el vasto peregrinaje que arrastra desde siglos la haya impregnado con un hálito único que es lo que se percibe en cada rincón y en cada esquina resultando inabarcable y siempre nueva. En esta ciudad, en el Aula Magna de la antigua Facultad de Ciencias, hoy de Químicas, es donde M.V. realiza un esfuerzo que no podría creerse si no se hubiese visto. 

    Hablamos de un mural de ciento quince metros y con el techo curvo. Desafío artístico, personal y hasta físico. Los andamios instalados había que treparlos y esto es literal no metafórico. Realiza decenas de bocetos. Son días de agotador trabajo y noches sin sueño. Pica las paredes de su Estudio, mezcla en un mortero cemento y arena para comprobar cómo absorbe esta mezcla los colores y realiza una maqueta en madera para reproducir la curvatura del techo.

    El tema por el que se decanta es alegórico, escenifica el mundo de la ciencia; químicos, matemáticos e investigadores con sus probetas, alambiques y artilugios haciendo mediciones. La sociedad y la familia saludan el advenimiento de sus logros. El hombre, desnudo y deslumbrado, se rinde ante la diosa.   
 
    Y con Manuel Alcorlo como ayudante (que acababa de terminar sus estudios en la Academia), emprende esa tarea que tenía algo de titánica en el hacer de trapecistas, el pasar los dibujos al muro por estarcido con polvo de tierra sevilla, para después perfilarlos al carbón con sombreado como si fuese una grisalla y conseguir un primer efecto de volúmenes. Sobre el fondo gris claro del cemento utiliza en las figuras la gama de pardos y negros y un blanco manchado de rosa en las zonas luminosas, reservando los azules para la curvatura del techo que lo transforma en firmamento. Aquí utiliza por primera y única vez el plástico, muy diluido como si fuese una acuarela. 

    Hay cierto influjo de Sirone cuya obra acababa de conocer en un reciente viaje a Italia y en mayor grado de Henry Moore en el concepto de las figuras y el logro del sombreado de los pliegues nos recuerdan la estatuaria grecolatina. Sin ser acentuado algunas figuras tienen similitud con las de otra gran pintora gallega, Maruja Mallo, y tal vez en la figura del brazo alzado haya cierta concomitancia propia de la época, pero el conjunto es de máxima armonía y el efecto que provoca resulta intemporal.
El equilibrio de la vida se manifiesta en la obra, así nos encontramos que la mujer tiene en esta alegoría tanto protagonismo como el hombre y hay que recordar que el mural se realiza en 1959. En esto también demuestra que es gallega, en el influjo de las costumbres de sus gentes, en la tradición y en el espíritu abierto a la vanguardia.

     La arquitectura como paisaje tiene en el mural cierto protagonismo y es una de las dos o tres manifestaciones que se encuentran en su obra, lo que sorprende dado que es hija y nieta de buenos arquitectos, pero tal vez sea uno de esos casos donde aquello con lo que se convive desde pequeño tenga tal asimilación que su sentido se use de manera inconsciente y por ello donde su arquitectura tiene verdadero peso es en los espacios de Interiores.

    En esta ocasión excepcionalmente usa el dibujo como paso previo a la pintura, aquí requisito necesario, pero siempre y en contra de lo que pudiera parecer pinta directamente con el pincel y esto es indicativo de lo mental que es su pintura en el origen y de la seguridad que tiene antes de dar sus pinceladas. Lo que quizá le venga de haber trabajado siempre la acuarela, siendo la técnica con la que inicia sus primeros pasos y a la que vuelve de modo intermitente. 

    Conviene señalar que nada más alejado de los muralistas mexicanos, encuadrados en la vertiente social y de movimiento de masas, que éste mural de Mª Victoria. A esta pintora lo que de verdad le interesa es la pintura, así la plástica tiene todo el protagonismo y lo alegórico es sólo accidental.

    La popularidad que alcanza el arte muralístico en el S. XVIII permite que de las Logias del Vaticano se hagan replicas en el palacio del Ermitage en San Petersburgo, donde se reproducen íntegramente la obra de Rafael y de Giovani da Udine. A parte de los grandes anónimos egipcios, griegos, bizantinos y romanos no se pueden olvidar algunos de los nombres que dejaron su impronta en muros que ya son historia. Así Miguel Ángel, Rafael y Leonardo; el Giotto y Mantegna; los celebres paneles de Wateau y antes los de Cesare Baglione; más próximos a nosotros los magníficos Chagall en el Teatro Ruso y en la Ópera de Nueva York, o los de Miró y los Delaunay. 

    Otros contemporáneos también han tenido esta influencia de una u otra forma; así Paul Klee en su Diana, de 1931; y Alexander Calder en alguno de sus móviles como puede observarse en Tres soles amarillos, 1965, donde se ve la transformación del Arabesco de Claude III Audran, Monería de Marly, de1709.

    De entre los españoles más cercanos, por señalar a algunos, José M. Sert, Villaseñor, Vaquero Turcios y Guinovart. Y entre los gallegos Laxeiro y Lugris (desconozco si existen otros significativos en Galicia y si los citados se conservan). Pero en esta lista habría que añadir el de Mª Victoria de la Fuente porque es un magnífico mural que debe figurar entre los mejores y sorprende que lo tengan aparcado en el olvido cuando debía estar reproducido como una más entre las obras de arte a visitar en la ciudad, lo mismo que vamos a ver los Fray Angélicos en Florencia o el de Lucio Muñoz en el edificio de la Asamblea de Madrid. 

    Dice Mª Victoria que “lo que la interesa de la luz es el elemento expresivo y de lo abstracto la materia, el color y la armonía tonal”. Y hay que creerla pues el color, las luces y las sombras son los elementos sustanciales de su obra sin olvidar la riqueza tonal que viene a ser el intervalo entre ambos opuestos y que los antiguos llamaban resplandor por ser distinto de la luz. Desde el figurativo intemporal de las primeras obras, donde incorpora la materia sin perder la referencia figurativa y el empleo de veladuras para mostrar lo indeterminado, pasa a resaltar la expresividad del individuo con un expresionismo de atmósferas más que de disloque de pincel y unas distorsiones como ajustado desarmónico que acentúan la expresión.

    El efecto visual de su pintura, donde a veces sólo emplea una gama de color con varias gradaciones, es de un sensual refinamiento que provoca el intimismo, tanto que a veces molesta la rigidez de firma. Los antiguos definían a la pintura como muta poesis, poesía muda, y mucho de lirismo hay en los cuadros de esta autora. 

    Es posible que Plinio opinara hoy como entonces, pues cada vez me inclino más a pensar que siempre fueron malos tiempos para las Artes y las Letras; decía que “la negligencia destruyó las artes: y porque no hay imágenes de los ánimos, se menosprecian también las de los cuerpos”. Imposible aplicar esto a De la Fuente ni en el modo de ser ni en el obrar ni en pensamiento. Y debemos felicitarnos por ello porque el lenguaje que elige es acertado como bien lo demuestran los logros que consigue.

    El color merecería todo un capítulo dado el rico cromatismo de su obra. Difícil mostrar predilecciones. Los amarillos ambarinos, los oxidados y verdosos, los cromos y gualdas, el amaranto y el albaricoque, el azafrán, el arce japonés y el arce sicomoro, todos resumen de ambrosía de soles que murieron en sus telas mientras el melocotonero y los membrillos dormían los arreboles del ocaso. 

    Los berenjenas y los moras; el lila y los anémonas; el turquesa, el azabache, el ultramar y el azul verde; el azul pavo real, el púrpura y el violeta; el azul prusia y el marengo; el azul bruma, el ánade y el ángel; el azul Venus, el azul uva, el azul noche y el nomeolvides porque se esconden en los blancos de todos los deseos; el de la lana, el algodón o el lino; el de la leche o el del azúcar; el del marfil, el mármol y los corales; el de la cebolla, la dalia o la camelia; blanco rosa, blanco perla, blanco de nácar o papiro; o blanco ala de mosca que duerme sobre la dama de la noche.

    Negro endrina, negro ciruela o de cereza; negro oliva, negro enebro o de mostaza; negro té, negro tabaco, de humo o de ceniza; y negro pez que busca la noche para perderse en los mares del olvido donde encontrar una puerta a la esperanza. Verde bosque, verde carvallo o de eucaliptos; verde abeto, verde ciprés o verde encina; verde alga de mar, aguazur y aguamarina; verde seda, verde de caña o de botella que encierra agua de mar y aire de cielo. 

    Quizá es cierto que uno siempre intenta pintar el mismo cuadro y nunca lo consigue, por ello incide en sus predilecciones y así puede verse en uno de sus últimos trabajos donde están sus rosas, amarillos y turquesas; los tubos de pintura, el caballete y el taller. Hablo del titulado La pintura es cosa mental, en homenaje a Leonardo, y no es casual que así se llame ni vale como excusa que sea el lema del maestro. 

    En el magnífico cuadro La ciudad y la noche se derraman todos los azules; ignoro si este predominio del azul puede ser debido al efecto de la visión escotópica; difícil saber el porqué de estas razones, quizá sea simplemente una forma de prolongar ese cielo y ese mar que tanto quiere y que desaparecen cuando la noche llega. 

    Los griegos cuando hablaban de algo bello hablaban de una llamada al alma. “La belleza siempre es intuitiva. La belleza es a la mente lo que la luz al ojo... La belleza, al no originarse en las sensaciones debe pertenecer al intelecto, y de este modo, al afirmar que un objeto es bello, sentimos un íntimo derecho a esperar que los otros coincidan con nosotros”, esto nos dice Coleridge. Yo sólo espero que aquellos que contemplen los cuadros de Mª Victoria de la Fuente coincidan conmigo en reconocer que es la obra de una gran pintura, porque así es para el que sepa verla.


          (*)Scardanelli.
(Catálogo . La pintura es cosa mental. Mª Victoria de la Fuente. Museo de Pontevedra. 2.0??)
(*) La poeta Encarnación Pisonero firma con el nombre de Scardanelli los textos sobre artes plásticas. Es miembro de AMCA, AECA y AICA.




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EL DEMIURGO

A ZUSH

   Uno de los primeros gráficos impactantes que se recuerdan de niño, al menos en las culturas judeocristianas, es un ojo enmarcado en un triángulo. Pocos adultos siguen desarrollando la imaginación de la infancia, tal vez por esto el niño piensa cosas de ese ojo pirámide que de mayor se olvidan. Es alguien que juega y se asoma por una ventana primitiva, tal vez un preso que sólo goza de ese trocito de libertad o un monstruo malvado que trata de asustarnos. Pero enseguida nos dicen que es el ojo de Dios que todo lo ve y entonces como por embrujo se paraliza la imaginación y ya no se ve nada, sólo queda un sentimiento entre respeto y temor que nos paraliza y una cierta rabia de que no sea nada de lo que se había pensado.

   Contra todo pronóstico los ojos de Zush suelen ser normales, incluso apacibles, generosos, risueños pero a veces a Porta se le cuelan, silenciosos y ladinos, heterotrópicos ojos y ojos cíclopes, y rara vez algunos asustados. Un ejemplo palpable estaría en Loveya, donde un triángulo inscrito en un círculo aparece vacío, en azul, y rodeado de ojos que nos miran entre los que sobresale uno agigantado en la cúspide de la pirámide con dos grandes alas. A Zush no le asustan los ojos quizá porque vio tanto horror en ellos grabados que logró superar la barrera del miedo y trascenderla. Esas alas del ojo no son angélicas a lo divino sino de libertad y de infinito. Porque el ojo humano también lo ve todo y así en S.T., donde aparece el triángulo de nuevo (no sé si en temporalidad es anterior o posterior a Loveya pero carece de importancia para el caso), no es un ojo lo que enmarca sino un rostro que igual pudiera ser hombre o mujer. Y en Jumenju los ojos aparecen cerrados, y con un corte transversal en la cabeza que nos acerca al cerebro sin mostrarlo, dando al rostro la máxima serenidad y concentración. Pues eso exige el juego.

   Y es que el ojo y el cerebro se confunden o al menos se completan como podría indicarnos la serie de 60 Aheads, aunque algunos la comparen con un juego de psiquiatras al estilo del Rochar. Y en último término la frase evangélica “si tu ojo te escandaliza arráncatelo” Zush la completaría añadiendo: y cómetelo pero nunca lo tires. Regurgítalo, digiérelo y devuélvelo a su sitio.

    El ojo es tan importante en su iconografía que en la bandera de Evrugo figura el ojo de Horus. El dios egipcio viene del Maem Misi, de la matriz del mundo, y Zush nace en la casa de los locos, y allí le dan su nuevo nombre. Horus es el sol del invierno al que adoran todos los creyentes, y en la casa de los locos todos adoran la belleza de la obra de Zush. Y aquí locos es un genérico donde entran todos los soñadores y anarquistas del sistema. Teóricamente ha de ser un ser puro si quiere cambiarlo todo pero Zush no quiere los cambios de un rebelde sino ser un Dios. Todo Campanella conlleva su propio infierno y Porta no iba a ser una excepción. Las torturas, la distancia de planos, las múltiples y variadas interferencias, la medicina mal calculada, la pérdida de las alas y el descenso, hacen que se quede en Demiurgo y que no se transforme en un Cristo como Horus.  

    Cuando uno se lava con inmersión completa la ciencia recomienda secarse por este orden: primero la cabeza, después el sexo y en tercer lugar los píes. El resto carece de importancia. Zush respeta inconscientemente(¿?) este orden. El ojo forma parte del cerebro. El cerebro es pensamiento y sin pensamiento no hay nada. Un hombre en aislamiento no existe sino puede comunicar su soledad. Y Zush lo sabe porque su nombre es puerta para abrirse a otros mundos. Por ello es un utópico, ese es su destino, y no sólo es Demiurgo por ser utópico sino porque siempre sueña otros mundos mejores que éste donde los hombres se manifiesten con la expresión del goce y el dolor como les plazca. Pensamiento, sexo y arte, son las tres herramientas que le sirven de catarsis para sobrellevar lo horrible y perverso que existe en el mundo y no ser un loco aunque sí un i-ló-gi-co según las convenciones.

    En el cerebro está todo, el pensamiento, los sueños, los deseos, la visión real y la imaginada, y la lengua que dice, cuenta, propone, provoca, sugiere y actúa. Los miles de cables que salen de este centro son comunicaciones que Zush ordena enviar más allá de las fronteras de Evrugo. A veces habla con el idioma de su propio estado aunque la mayoría de las veces lo hace con efectos de tripping, hologramas en constante transformación, y técnicas digitales no asequibles a la mayoría. Simples herramientas como los soportes o los materiales, el papel o las telas, donde refleja lo que siente y piensa. Sin un hilo conductor y un propósito no surgiría nada. Se necesita que alguien dé las ordenes y además que sepa lo que ordena. Pero este Demiurgo se sale de las normas porque es él mismo quien ejecuta sus mandatos.

   El sexo femenino es una boca, el pene es una lengua, el sexo es el centro y todo el ser queda así inscrito en un círculo que sería el origen. Su mística es del cuerpo pero su arte le ha transformado en Demiurgo y éste como creador tiene algo sagrado aunque el mundo que nos ofrezca no sea al gusto de todos.

    Cuando regresan del infierno los pobladores de la mente saben muy bien que su mayor tesoro es el hilo de ariadna. El dolor, la sangre, las gotas de sudor o de semen, los cabellos erizados, los gritos sin campana, todo resulta aterrador en su potencialidad y no tiene precio. Ni el cambio de identidad, ni el ser el Demiurgo de Uvrugo, ni ser el fabricante y dueño de los tucares le harán encontrar la armonía. Todas estas parcelas son un bálsamo para cualquier víctima y esto sin olvidar el poder del sexo con sus múltiples significados como es propio en una persona de tal complejidad.

    El sexo como tensión y desahogo, como dominio y sometimiento, como capricho o juego, como intercambio y sueños y tal vez como amor, aunque no siempre lo más obvio es cierto. De hecho entre los lamas se practica el kundalini sólo con el poder de la mente y logran, con concentración y sin ningún contacto físico, que desde la base de la columna asciendan los fluidos a través de la misma hasta atravesar la pineal y llegar al cerebro inundándolo con una explosión que lo desborda. Y así en algunos cerebros de Zush hay venas que son espermatozoides bailando la danza del gozo.

    Porque el sexo es energía, es genesiaco y en lo que no se vive se sueña, y traspasa hasta la muerte pues la vergüenza que temen los ahorcados, si están desnudos, no es otra cosa que la erección. Por ello no ha de entenderse como coincidencia sino como constatación la obra de Umasido. Así hay un sexo gusano y otro mariposa, un sexo fecundador de ideas más que de semillas para Gea. Y contra toda apariencia es un sexo para el espíritu.

    Pero no hay que perder el hilo de ariadna y el hilo conductor de todo es el arte sin ninguna duda. Y aquí si cabe todo pues desde Metras al Moma no puede abarcarse el universo que ha creado. Para ello se alimenta de hierba y bebe leche con grosella y por la noche toma prestadas del infierno las alas que perdió Luzbel. Es como un animal en estado puro o un eremita que se prohibe la lectura para no contaminar su espíritu. Y al igual que él no lee quiere transmitirnos sus mensajes sólo con imágenes, con impactos a primer golpe de vista, con fogonazos inconscientes, por eso la grafía que acompaña a muchas de sus obras, a parte de la función puramente estética, es ininteligible intencionadamente. Quiere llegar al centro de la máxima inocencia y transmitir su acto creativo desde el papel en blanco a la mente en blanco, libre de ataduras y condicionamientos.

    Y entre la razón y el sueño elucubra paisajes de mundos aún por descubrir y grita Anyway, tactactón, brrubrrrubrú, chin-chin-chin-chin-chín y un sinfín de frases inconexas, que son mantras cibernéticas para facilitar la percepción, con un nuevo tipo de letra a la que llama asura y que se incluye en la red entre la Arial, la New Roman, la Birch y muchas otras. 

    Pero nada es casual aunque a veces lo parezca. El buscador de la armonía sabe su camino desde los primeros pasos. La magia son sus cuadros, cada creación encierra un misterio que arranca desde El jardín de las delicias, tal vez del paraíso perdido, y que recorre la vida desde el propio sentir del instante y del deseo.

    En Socjomo. The Girls of my Life I,II,III, es en la única obra, de las que conozco, donde aparecen los cuatro elementos representados por animales. La tierra por un cerdo, el aire por un ave, el agua por un pez y el fuego con el hombre, donde las llamas envuelven a un hombre desnudo, entiendo que como signo de purificación. Por tanto es fácil deducir que de todos los animales de la creación el más impuro es el hombre y esto debido a la acción del pensamiento que le puede arrastrar a perversiones. Además es significativo que el hombre está en toda la serie en plano destacado lo que indica que contiene en sí los cuatro elementos. Si nos detuviésemos en sus obras con más detalle seguro que encontrabamos indicios ciertos de la tríada que cito como sus constantes vitales y artísticas (cerebro, sexo y arte), y por supuesto todo ello centrado en un único personaje, EL HOMBRE. Y esto no porque el hombre sea el rey del universo sino porque el hombre es un universo en sí mismo.

    Hay poco mundo animal, mineral y vegetal en sus obras. Lo que en principio puede parecer vegetal, son ramificaciones de músculos, fibras y órganos del cuerpo humano Son mezclas de tejidos y fluidos. Son sueños habitados que invitan a la mirada del curioso por si quiere habitarlos. Incluso el hombre, que es la imagen que más se repite en mil formas inimaginables, aparece, salvo excepciones, en solitario. Porque nos guste o no venimos solos, estamos solos y nos vamos solos. 

    Las construcciones son prácticamente inexistentes en sus cuadros, como muestra una torre y una colmena. La torre más que tomarla en el sentido de edificación hay que tomarla en el sentido bíblico o esotérico, como camino o vía. Me atrevo a decir que estos caminos son una apoyatura para su obra principal y se refieren sin duda a la música y el teatro. Y sino véanse las cinco piezas de la serie Esovro. La colmena tiene algo de torre, considerando esta en su forma más clásica, y en cualquier caso nunca sería un simple habitáculo sino todo un universo, casi diríamos una pequeña Ciudad del sol, pues las abejas forman una sociedad casi perfecta y, en cierto modo, la colmena puede ser símbolo para una utopía. 

    Tampoco abundan las formas geométricas, como mucho el cuadrado/rectángulo, el triángulo y en especial el círculo. Estaríamos en cualquier caso en la figura clave, él círculo como matriz, como huevo, el universo en una cascara de nuez. Por ello el hombre es su fuente inagotable, por eso es reiterativo y en ese universo corporal encuentra su mandala.

    No es de extrañar que el tarot figure entre sus aficiones porque sus libros personales son cartas de barajas creadas por los sueños que le inundan, a veces de forma gratuita y otras provocada. El juego de los naipes como la vía digital, las drogas y el mundo de los sueños son redes peligrosas donde uno puede dejarse atrapar sin casi defenderse. 

    Entrar en el campo de los sueños es una tentación con la obra de Zush pero esto exige una mayor cautela junto a la máxima apertura a todo encuentro que antes no existía ni habiamos imaginado. Y aunque toda su obra se preste a este análisis me centraré únicamente en la serie The tarot cards I y II, pues creo que en los juegos puede aflorar mejor el inconsciente.

    Entre los signos que aparecen en los naipes señalo la loba, la cruz, un castillo, un esqueleto, la luna, una bombilla, una columna vertebral quebrada y la salamandra. La loba es signo de sensualidad y pasión pero también se la relaciona con lo sobrenatural, con el inconsciente y con la espiritualidad. Es un signo poderoso dentro de la interpretación de los sueños y no hay que olvidar que en la iconografía de Zush aparecen muy pocos animales por lo que es doblemente significativo. Además es de tal tamaño que necesita dos naipes para encuadrarla y estas dos cartas no están unidas, tienen un espacio libre entre ellas donde por supuesto se ubica un fragmento de loba. Lo que podría indicar su escape a esferas superiores, a la espiritualidad y al arte. Además no hay que olvidar otra relación del símbolo, el de la loba capitolina, que amamantó a los fundadores de Roma, y Zush es el fundador de Evrugo. 

    El castillo es símbolo de refugio para el espíritu, el lugar a donde se acude para purificarse, a donde se va en busca de la luz. Nos indicaría claramente que tiene una ruta marcada y que la sigue. Y esto entronca con la cruz que es señal de sacrificio y de esfuerzo, pues su arte no es gratuito.

    La luna es una influencia positiva y está inscrita en un círculo por lo que se entiende que es luna llena. La luna ejerce un gran poder sobre lo líquido, incluidos los fluidos corporales, así la sangre, las lágrimas o el semen. Elementos estos que se repiten en su obra. Y en último término sería su parte femenina y el influjo de la madre.

    La columna, en general, es un puente entre la tierra y el cielo, entre lo material y lo espiritual. Es la unión de dos dimensiones. El hecho de que se trate de la columna vertebral del hombre es más significativo aún y al estar truncada indicaría tal vez una gran pérdida o un momento de debilidad. Aunque teniendo en cuenta el conjunto de los naipes hay que entender que es sólo un bache en el camino. Y la bombilla es una señal de luz, de esperanza en el quehacer diario y de sentir que tiene un guía y una meta a la que se dirige. 

    El esqueleto es una Vanitas muerta de risa que se encadena a otro naipe de al lado con una pirámide seccionada en la punta donde reina una calavera sonriente. La muerte no le da ningún miedo, se ríe de ella, tal vez porque no cree en ella, de hecho sabe que ya tuvo otras muertes y que sobrevivió.   

    Y para terminar la salamandra que es el único animal que no muere, capaz de sobrevivir en él fuego. Símbolo de resurrección, al igual que el fénix que renace entre cenizas de canela y de incienso.

    Y al lado de estos signos que guardan más relación con la trascendencia y el espíritu que con la materia aparece el dinero bajo el signo del dólar, sin duda señal de materialismo pero también de libertad y de poder. Necesita sentirse poderoso para desarrollar su arte. Esto tiene verdadera importancia porque no hay que olvidar que llega a fabricar su propia moneda, los tucares. El mundo le ha enseñado lo duro que es la lucha si no se tiene protección. Y poderoso caballero es don dinero. 

    He querido señalar sólo una muestra de las posibilidades de análisis que tiene el campo de los sueños en la obra de Zush lo que de hecho a llevado a muchos a incluirlo entre los surrealistas, movimiento con el que guarda relación no sólo en la faceta de los sueños, también por los juegos, el psicoanálisis, el automatismo de la grafía, etc. Y de hecho puede que sea uno de los pocos que muestra el dramatismo de estos mundos junto con Joan Ponç.

    El mundo de la psiquiatría, con todos sus símbolos, es algo que no se puede eludir al estudiar su obra. De hecho en algún cuadro me ha parecido reconocer una trepanación, lo que indicaría no sólo el temor a la posibilidad de este hecho sino a que se le roben los pensamientos de algún modo, aunque sólo se trate de una situación imaginaria. Y todo porque sabe que la verdadera libertad está en la mente.  

    Nada sorprende más a niños y mayores que los trucos del mago. La magia es en sí divertimento y también encantamiento y lleva a pensar en el acto creador porque saca cosas de la nada aunque sólo sea en apariencia. Mágica es la medicina que cura, la alquimia que transmuta los metales, la música y la poesía que nos trasladan de una esfera a otra, y la pintura que nos engaña con el juego de luces y sombras, las falsas perspectivas y arcoiris de paleta. Magia hizo la curandera con su rostro, magia se esconde en el tarot de sus pinturas, magia el grafismo de su letra y signos de Evrugo y una zona olvidada del infierno. Y magia su mente y sus pinceles que ponen su ARTE con mayúsculas.

    No vemos por qué dos más dos han de ser siempre cuatro y por qué no puede ser válida la traducción más lúdica. El hechicero miró la ciudad bajo las aguas y desde el interior de la campana observó, por los orificios de la nariz, el trajín de los habitantes de jauja, la nueva Atlántida de Evrugo. Su espionaje no era un acto de rochar, porque allí nada estaba prohibido, sino una mirada pedagógica para satisfacer su espíritu y anhelos de perfección, pues sería una lastima que tanto empeño se malograse por un error de cálculo o un corte de luz en la red. Sabía perfectamente que la especie de ciudadanos que se movían sin sentirse observados era más sutil que el común de los coterráneos y, aún consciente de su utopía, pensaba que para hacer realidad un sueño primero hay que soñarlo. Después de todo, tuviera o no continuadores su empresa, los hechos eran ya una realidad indiscutible. 

    A un artista como Zush todo lo dicho hasta ahora le tiene sin cuidado porque los aciertos él ya les sabe mejor que nadie y si hubiera errores espero que no me expulse de Evrugo, pues me siento ciudadana de ese estado por múltiples razones. En cualquier caso el mejor reconocimiento para su obra puede que sea entrar en el limbo de sus mundos y ser feliz con sólo contemplarlos. 


                     (*)Scardanelli.
  
  (a la exposición La campanada. Zush. Museo Reina Sofía. 2.000)

(*) La poeta Encarnación Pisonero firma con el nombre de Scardanelli los textos sobre artes plásticas. Es miembro de AMCA, AECA y AICA.


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DAMAS ENGAÑOSAS 

A JESUSA QUIRÓS

En reposo, sentadas, desnudas o semidesnudas, con una leve sensualidad o suave erotismo, con insinuación en su rostro impenetrable, muestran una pasividad o quietud - que acentúa el hieratismo de alguna - con la mirada perdida o ensoñada, en un gesto que deja entrever una ambivalencia física y psíquica, que contrasta con esos pechos exuberantes y la desnudez general. 

Es como si el sexo estuviera velado, incluso en Las tres Gracias, donde hay un predominio de candor, y la sexualidad está ausente aunque esté manifestada, algo más allá de lo aparente y que a penas se intuye. 

En La mirada del otro queda también de manifiesto el hieratismo, y esa mirada muda que ha de adivinarse. El otro aunque próximo no deja de ser universo distinto y la mirada, a través del agua del ojo, que podría ser vehículo de comunicación, aquí tampoco se produce porque los ojos que vemos tienen el agua ausente, como los de un mascarón de proa.

No es casual que el único paisaje sin figura, sea una imagen del mar, casi enmarcado, donde el agua es símbolo de vida, purificación y regeneración a la vez. Es la potencialidad al infinito, dormida, esperando que alguien o algo le despierte y dé vida. Es la dualidad ampliamente significada. Y aunque sea inconsciente, reincide el predominio de agua en una de las caras de Diana en reposo, aunque ahora sea un lago en vez del mar, al igual que en Las tres Gracias.

Alguna figura tiene cierta torpeza intencionada, que forma parte del ingenuismo que recorre en general estos cuadros. El tratamiento de las manos, por el contrario, son al más puro estilo clásico.

Las transparencias de aguas y telas que permiten ver la carnosidad son membrana interior de cebolla o de cáscara de huevo, piel de uva moscatel próxima a lámina de cuarzo, a vidrio amberina o cristal roca. 

El color que consigue en los cuerpos desnudos, con un blanco entre lino y loto, blanco llama o lila blanca marchita, blanco nardo o pálido narciso, blanco cera, álamo blanco o blanco perla, tul o seda blanca como el blanco algodón, blanco nácar o sal marina que contiene el azul, blanco de mora o uva blanca, blanco ostra o blanco lágrima, dan pálpito a la carne, y todo resumido en un blancor que es luminosidad y vida, que junto a los carmines nos ofrecen el rosa carne doncella.

Jesusa Quirós en un juego de deleite y armonía aporta un saber hacer en clave de clasicismo y modernidad.
          
(*) Scardanelli.
 (Exposición de Jesusa Quirós. Ra del Rey. Madrid, noviembre 2011)
(*) La poeta Encarnación Pisonero firma con el nombre de Scardanelli los textos sobre artes plásticas. Es miembro de AMCA, AECA y AICA.


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LA OBRA OCULTA DE LORENZO UGARTE 
       (1926-1992)
       
A LORENZO UGARTE


    Lorenzo Ugarte, tiene etapas aún desconocidas por el público, como la presente muestra, en la que se exponen por primera vez, lo que él llamaba cuadros negros. 

   Para entender esta etapa negra de Lorenzo hay que ubicarle en la situación histórica, social y personal que estaba viviendo. Ugarte trabajó en diagramación o maquetación, en el periódico YA, propiedad de la Iglesia, en concreto de Acción Católica. 

   La década del setenta al ochenta estuvo llena de acontecimientos terribles (1) pero el drama que más alcance tuvo, al menos a nivel popular, fue la guerra del Vietnam, que dura casi veinte años y termina en 1975. La segunda guerra mundial deja una Alemania vencida, devastada y dividida, y el ambiente de postguerra lo refleja magníficamente el escritor alemán Heinrich Böll, que será premio Nobel en 1972, y que una de sus obras influye profundamente en el ánimo de Lorenzo, Opiniones de un payaso, que en España se publica en 1973.

    La sociedad en general acusa los efectos de la postguerra, ya sea la propia o la ajena, es una sociedad que sufre la escombrera de las ciudades, la escasez de alimentos y el miedo,… H. Böll la llama “edad de la prostitución”. Y Lorenzo, añadido a todo esto, sufre la presión en su propio trabajo, donde ve el abuso del poder ejercido por miembros de la Iglesia con descaro, hipocresía y total impunidad. 

   En Opiniones de un payaso el protagonista es el payaso Hans Schnier, hijo de un acaudalado alemán que no se inmuta al ver a su hijo en la indigencia y que calla las atrocidades vistas y sufridas (la muerte de su hija que él y su esposa envían voluntariamente a la guerra, que el otro hijo se haga religioso en vez de seguir el negocio familiar, la utilización de los niños a través de la educación manipulada, etc.)    

    La esposa de Lorenzo, Marianne Paul -perfecta compañera para un artista- es alemana, y de noche ambos leían y comentaban la obra de Böll. Los problemas económicos y sociales, la represión política y religiosa y la presión laboral que sufre a diario influyen definitivamente en su ánimo, lo que le lleva a casi una década de depresión y retraimiento, pues esta serie negra se realiza de 1972 a 1978, y sólo cuando ha sacado todo el desengaño y dolor que lleva dentro, empieza a ver la luz y comienza a trabajar en los cuadros matéricos y objetuales y a introducir de nuevo el color, sobre todo el azul y el carmín. Esta serie fue el calvario o descenso a los infiernos que le sirvió de catarsis y regeneración. Los cuadros carecen de título y fueron los únicos de su producción que no quiso nunca exponer, y tampoco destruyó ni pintó sobre ellos, como hacia con frecuencia.

    En esta figuración los soldados visten a la manera de las guerras tradicionales, y como arma llevan el fusil con la bayoneta calada. Las sogas de esparto y las alambradas representan la opresión y la falta de libertad, y como signos religiosos pinta: la biblia, la cruz como madero de sacrificio o emblema, el sacerdote, el cáliz recogiendo la sangre de un condenado… La cruz, máximo símbolo del cristianismo, es instrumento de tortura que implica la condena a la Iglesia Católica, como consentidora o cómplice de las masacres de las guerras y de tantas injusticias. 

    Los poderosos y los hombres falsamente importantes, están representados siempre bien vestidos con chaqué, frac y condecoraciones, y alimentados en exceso, como contraste a los indigentes, los oprimidos, los rebeldes y los perseguidos, que están famélicos hasta poder contárseles los huesos que apenas les sostienen. 

    Son cuadros pintados al óleo, donde casi no hay colores, están: el azul atemperado de las medallas y las bandas de honor; los cascos de los soldados en azul turquesa o verdiazul y el carmesí del ecce homo, con número de prisionero, en quermés o grana; y habría que resaltar el amarillo y el rojo, y sobre todo el blanco y el negro.

   El rojo de la sangre es rojo vivo, pluma de loro o bermellón. El amarillo de las sogas, que ejercen de prisión, a veces diluido, y el amarillo vivo del cabello de algún poderoso y siempre el del payaso y su trompeta, en amarillo cadmio o cromo claro, amarillo gualda, flor de retama o de piorno, amarillo maduro limón o estopa de espantapájaros. El blanco de las vendas, que cubren las heridas y a veces abarcan todo el cuerpo, no es un blanco puro y menos aún la piel de los cuerpos que es blanco cebolla o pergamino, blanco de ostra, de sake o cerúleo. Y el negro sólo es profundo de humo, de bujía o de marfil en las cuencas de los ojos y las bocas abiertas, en la tumba del cuadro “libro vip” (con todas las bendiciones de la cruz), y en el traje del personaje ilustre con alzacuello, pajarita, rosario y breviario; en los demás cuadros el negro está matizado, variando entre el negro té, negro teja o uva negra, negro oliva, de carbón o negro perla, hasta ser un gris marengo o negro gris. 

   Todas las figuras representan muertos, muertos de cuerpos o/y muertos de alma, no hay ni un sólo labio rojo, todos son blancos, blanco álamo o calavera, blanco arroz o de arcilla, blanco coral o de cáscara de huevo. Y el infinito está en la profundidad de los ojos vacíos y la boca abierta, túneles directos al averno. No obstante el color resalta en el conjunto, con la intención de aligerar el clímax para no asfixiarse por la fuerza y tenebrismo del cuadro, lo que se ajusta más al calificativo de cuadros negros que el color, dramatismo que recuerda a El Grito de Munch, una de las mejores disecciones de la angustia humana (aunque los de Munch sean en tempera, pastel y lápiz), y a las pinturas negras de Goya (estas sí en óleo), sin desmerecer a ambos en textura, tratamiento y composición.   

    La crítica religiosa es más feroz que la política, aunque existe la posibilidad de que todos los estamentos estén representados de forma genérica bajo el signo vip, y un cuadro lleva la medalla del Congres, esto sin olvidar que Franco iba bajo palio. 

    El poder nunca perdona dos cosas, la inocencia y la belleza. Esta última representada por la flor blanca que asesina el soldado con la bayoneta, y la inocencia en esos cuerpos que viajan al espacio en féretros pequeños de tablones toscos claveteados, con una expresión de haber vivido el terror, con las cuencas de los ojos vacías de un negro abisal y la boca en un aullido mudo que increpa al cielo.

    No quiero dejar de resaltar algo que veo en la serie negra de Ugarte, que va más allá de lo aparente, y es su transcendencia al tiempo. Tal vez él lo capta de manera inconsciente, como ocurre siempre que un artista auténtico se mete tanto en la obra que atrapa lo que los demás no vemos, bien sea el otro lado del espejo, el inconsciente colectivo o lo que sea la creación. Ese cuadro de siete soldados, que él llama centuriones con cascos y metralletas, me sugiere que bien pudieran ser soldados robots, puesto que estamos en una nueva era donde ya son realidad incipiente. Y no creo equivocarme en esta interpretación, porque habría que añadir, que en toda la serie como único paisaje parece que no estemos en la tierra, sino en cualquier planeta estelar, con cráteres, tierra infértil, desierto de cenizas, brumas, noche nevada y vacío infinito. Y si fuera la tierra, es que habríamos logrado su total destrucción.

    Tal vez fue un acierto de Ugarte no querer exponer en su momento esta serie, porque hoy se diría que encaja perfectamente con los tiempos que vivimos de guerras, terrorismo, hambre, desigualdad social y fanatismo. Hemos retrocedido en derechos adquiridos, la libertad está coartada, la calidad de vida sólo existe para unos pocos privilegiados, estamos destruyendo la naturaleza, el miedo va ganando terreno, los campos de refugiados se están convirtiendo en campos de concentración y cada vez hay más pobreza y miseria sobre la tierra, sin que se haga nada por remediarlo. 

    No se me ocurre mejor crítica social y de denuncia, con continente y contenido logrado, que estos cuadros de Lorenzo Ugarte, desgraciadamente de rabiosa actualidad, donde se pone de manifiesto el dolor humano en ese negro de amplio espectro con esos ojos huecos y esas bocas que nos gritan desde las entrañas desgarradas, y que es imposible no oírlas salvo que ya estemos nosotros también muertos. (*)

                                                                                                               (**) Scardanelli 

(*) Un alivio en esta extraordinaria pero tremenda exposición son los dos cuadros que corresponden a la etapa anterior y posterior a esta serie.
(**) La poeta Encarnación Pisonero firma con el nombre de Scardanelli los textos sobre artes plásticas. Es miembro de AMCA, AECA y AICA.
(1) Acontecimientos significativos de la década del 1970 al 1980: auge del terrorismo (IRA, RAF, ETA, etc.) Gerras (Vietnam, Camboya, Yom Kippur, Indo-Pakistaní, etc.) Invasión de Irán por los fundamentalistas islámicos. Ocupación de Uganda. Independencia de Bangladesh. Crisis del petróleo. Debilitamiento de la URSS y decadencia del comunismo. Fin de las dictaduras en Grecia, España y Portugal, ... 




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The age of awareness

a Paz Santos

    La exposición de la escultora PAZ SANTOS La edad de la conciencia, sorprende por su actualidad y coherencia con los tiempos que vivimos, a la vez que demuestra el conocimiento de su oficio, algo no sólo difícil de ver actualmente sino incluso denostado.

    La pieza que da título a la exposición, un largo banco en hierro, nos recuerda la famosa foto “Almuerzo en lo alto de un rascacielos” de Charles C. Ebbets, llena de personajes sentados, en barro refractario, que en diferentes posturas manifiestan actitud de sorpresa, desencanto o lamento; algunas en actitud de leer como si no pudieran o así parece indicarlo el libro que hay en el asiento olvidado o abandonado, tal vez reclamo de consuelo, refugio o salvación para el tiempo de opresión que vivimos, algo que en Europa creíamos ya superado.

    En Arriba el telón, obra de gran formato, a modo de puerta, toda enmarcada en hierro, con plancha de hierro patinado y espejo cóncavo que demuestra la deformación de la realidad, como se contempla en las dos personajes del marco inferior que manifiestan en su cara el reflejo esperpéntico de la realidad. Tal vez invitación a salirse de ese mundo marcado que nos dictan, incluso a enfrentarnos a esa realidad que las normas están haciendo monstruosa.

    La otra cena, en hierro y escayola, como contrapunto al clásico cuadro de Leonardo, es la mesa de los poderosos que se reparten el mundo mientras el ser humano se va por el desagüe sin que se inmuten. Escultura que merecería otro ángulo de visión para apreciar todos sus matices.

    Hay dos series de piezas de pequeño formato que son composiciones con sillas, entendiendo esta como metáfora de trono o ejercicio de poder; unas en hierro Punto de espera, pudiendo ser una lectura la manifestación del poder real en su desnudez, es decir cuando se ejerce sin abuso; otras son tallas de madera formando interesantes juegos de sombras en sus diferentes composiciones, acompañadas de pequeñas figuras en cerámica, barro o bronce, sentadas en los bordes en actitud de sorpresa e impotencia. Estas figuras son una característica de la artista donde logra la expresividad y dramatismo que pretende con un sutil modelado.

    La escultura Gran arcano, nombre tomado de la rueda de la fortuna del tarot, de signo positivo o negativo, compuesta por una pequeña rueda de molino en piedra arenisca, atravesada por una manivela de hierro que mueve un licántropo, también posible manifestación de la degradación que nuestra sociedad hace del trabajo, que en vez de dignificar embrutece.

    Y como complemento al conjunto hay unas varillas en acero y cristal de murano, un juego entre vacío y volumen, con esa nota del color traslucido del cristal que sólo ocupa la mitad del cuadro. Nota de luz en esos azulina, granate y ultramar, con la ventana abierta del marco como camino a la esperanza.

    Una magnífica exposición y posibilidad de observa como el arte con mayúscula ejerce la crítica social, sin menosprecio de su oficio y buen hacer en todo tipo de materiales y técnicas. 


           (*)Scardanelli

 (Galería Ra del Rey. Espacio de Arte. Madrid. 2013.)
(*) La poeta Encarnación Pisonero firma con el nombre de Scardanelli los textos sobre artes plásticas. Es miembro de AMCA, AECA y AICA.



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LOS TÓTEMS DE JOSEP BASSET

A JOSEP BASSET

    Hablando de la obra de Basset, decía en el 2006, que era el demiurgo de las metamorfosis. Sin duda esto era palpable en la exposición que vimos en esa fecha en Madrid, donde había un predominio de esculturas en hierro y aluminio. La que exhibe actualmente, en la renovada galería, Ra del Rey. Espacio para las Artes, son todas piezas en madera con incorporación de hierros, acero, latón, hebras de cepillo de barrer, rebobinado de motor, teclas de máquina de escribir, clavos u objetos tintados que terminan formando cuerpo con la estructura principal, sin que distraiga el añadido espurio, aunque algunas se mantienen en la más absoluta desnudez, como si fueran páginas en blanco donde se pide la participación del observador. 

    La escultura, como cualquier forma de arte, admite múltiples o infinitas posibilidades, y nadie puede negar las obras maestras que se han logrado con los materiales más insólitos, y por supuesto un buen escultor puede transformar cualquier materia. A pesar de ello, y esto es algo personal, sigo considerando como materia matriz de la escultura la madera, porque mantiene todas sus posibilidades espaciales, y diría temporales, con una calidez que le transmite el ser materia viva y modificable en si misma, y que sigue latiendo después de su metamorfosis. 

    El árbol conserva su elan vital después de cercenado, troceado, desbastado y transformado en elemento práctico para los usos más diversos. Pero si esta madera, en la variante espacio-temporal que esté, cae en manos de un escultor que sea demiurgo, es decir que añada a la materia su aliento creador, entonces puede cumplir el sueño que durmió durante años o siglos, y ser la criatura que viva lo no escrito, el deseo del artífice creador o las innumeras vidas que quiera darle el nuevo tenedor.

    No puedo obviar que, en esta ocasión, la intervención del escultor sobre la madera evita que la gubia mande o diga sola, como si su intención fuera forzar la imaginación del espectador, y así le motiva, provoca o sugiere que el pino, el algarrobo o la palmera tienen vida propia, a la que él ha dado otra vida y forma con esas inserciones certeras, que no obstante admiten posibilidades nonatas.

    Esta exposición resulta armónica en su conjunto, y pocas veces se contempla una obra que vistas las piezas, en su individualidad, sea satisfactoria al ojo y al espíritu, sin rechazar algunas. 

   Giordano Bruno, heterodoxo por excelencia, quería descubrir el Ser de Dios en la materia, y con materia trabaja el escultor; peso, espacio, volumen; lo que es, y lo que le sugiere podría ser, pues la materia encierra en si misma todas las posibilidades. 

    Hay dos esculturas que sorprenden por la materia, madera de palmera, algo poco usado en escultura o al menos yo lo desconozco. Una es Ritmepik II, que tiene el acierto del conjunto, así en la estructura del rostro, cara en ángulo, cuyo eje es la nariz, y los ojos huecos en paralelo, que permiten la visión ambidiestra, y en lugar de cabellos las propias raíces de la palmera, todo con una leve pátina de barniz satinado en el pelo y mate en el rostro, que simulan la resina de su esencia, logrando la pieza un toque de clasicismo. La otra es Ritmepik I, más curvilínea y de líneas menos pronunciadas, y con la misma simetría en los ojos. Esta pieza va teñida de un malváceo delicado y a la vez intenso, es decir púrpura brillante, claro y a la vez fuerte, ni malvavisco ni malvarrosa, más bien malva pastel o de orquídea, mas no malva real. El efecto que produce esta escultura, debido a la forma y el color, la distancian de Ritmepik II hasta pasar desapercibido, en una primera observación, que comparten la misma materia prima. Ambas de textura innovadora, en ellas Joseph Basset a la vez que homenajea las palmeras aprovecha, a través del título Ritmo en Pik, para hacer una crítica que ayude a terminar con la plaga del Picudo Rojo, que está poniendo en peligro los palmerales.
 
    Toda la exposición participa del título genérico de Ritmos, así Titmocolla lleva el añadido de “colla”, que en valenciano es un grupo musical. Aquí mantiene la estructura de cara triangular, con mínima manipulación y apenas intervención de gubias. Los ojos, pequeñas llaves planas de bolsillo, en la distancia se nos antojan asustados por el asombro de su propia contemplación. La testa se corona por un pequeño ejército de figuras o mejor banda, a ritmo de dulzaina y tamboriles, la colla, un gesto de complicidad a su faceta de músico amateur, y de paso el aporte armónico que es nota común en todas las figura. La composición del cuello, tubo forrado de papel, gris impreso, con toques naranjas, encaja perfectamente en la patina que ha dado a la madera de pino, y el tronco tiene una ampliación horizontal, resaltado con un tono más oscuro en la pátina, que es el encuadre y contrapunto que requiere la figura.

    Una de las piezas claves de la exposición, aunque es difícil decidirse dada la calidad de todas, es Ritmodrak. La excusa para hacer esta pieza fue un algarrobo de su jardín que fue derribado, y se resistía a perderlo definitivamente. Un trozo de tronco que aprovecha la curva de una rama poderosa, para con un corte diagonal darnos la faz de este tótem actual que incorpora elementos diversos. Por nariz un picaporte de forja antigua, cuya cola acaba en cabeza de dragón, de ahí el nombre de “drak” aunque también podría ser cola de anfisbena. Formando armonía en el conjunto los elementos más dispares: un moderno ábaco de horas en aluminio, los labios en abrasivos hierros seccionados, y por cabellera las teclas de una antigua máquina de escribir, que también pudieran ser teclas de un instrumento musical. Cabellos al viento, hilos mudos de un teclado que quiere gritarnos su secreto, un guiño que nos incita y empuja tras el misterio de un texto aún por escribir.

    La imaginación no es una virtud frecuente, y según J. Sauras la fantasía y la imaginación son, a veces, más enriquecedoras que la verdad notarial. Cada creador ha de encontrar su lenguaje pero ello no quiere decir que tenga que repetirse indefinidamente, porque de ese modo cansa al espectador, y su aportación puede quedar limitada a un número reducido de aciertos. Este no es el caso de Basset, que nos sorprende con cada exposición a la vez que reconocemos sus señas de identidad. Así nos ocurre con la pieza Meceguitar, donde ha logrado que una vieja mecedora desechada sea una guitarra original que nos sorprende, en cada mirar, la composición y la originalidad de su nueva forma.

    En estas obras Basset consigue la simetría y mesura del equilibrio que nos hace ver que la pieza es bella, como si en esta ocasión la gubia y el compás lo tuviera en los ojos en vez de en las manos; primero trabaja el pensamiento, luego la vista y por último las manos, por ello es tan importante la proporción de la compostura.   

    Varias piezas tienen el corte diagonal del tronco como base de la cara, y en Ritmomech se circunscribe por una media sierra circular dentada, siendo un nervio de azadón lo que forma la nariz. La pátina del hierro resalta la tintada de la madera, que es bermellón chino, un rojo granate de piedra labrada o almandina, también grano de granada, vino cereza o rojo de cadmio púrpura.

    Basset consigue en esta muestra el máximo efecto desde la sencillez. Decía José Hierro tarde se aprende lo sencillo, y es que decir lo más con lo mínimo implica tener un amplio recorrido de conocimiento y oficio que muy pocos alcanzan. 

   En Ritmopeix, ritmo de pez, parece que el nombre lo provoca ese ojo pez, siendo el otro la única nota de color junto con el bigote formado por cerdas duras de cepillo de barrer. Todo creador pone algo en la obra de forma inconsciente; hay un momento donde el autor manda, y en otro debe obedecer, si su creación así lo exige. En este caso diría que la escultura ha ido tomando movimiento solar, en sentido de las agujas del reloj, aunque no se forme la cruz dado que los brazos van trasversales y separados, marcado por esa sierra circular dentada a modo de corona, que ni lo es ni lo pretende, pero que da ritmo al conjunto, junto con la nariz que forma una zeta de brazos minúsculos, lo mismo que los labios encastrados. Toda la pieza va dirigida, inconscientemente, por esas ondulaciones unidireccionales, que provocan al observador un movimiento imperceptible, pero real.

    En general los nombres de estas esculturas se deben a algunas de las piezas que conforman las obras, así en Ritmejake las figuras de ajedrez que pueblan la cabeza, todas ellas de una aleación inidentificable. Si observamos los objetos que la conforman sorprende la armonía en la disparidad: llave de grifo, muelle en espiral, protector de hierro y pistón de acero, que van tintados en el mismo tono que la madera de algarrobo, un índigo, entre morado y azul oscuro, que permite observar las vetas de la madera en el corte transversal que conforma la cara, próximo al añil o glasto antiguo, al morado manganeso o alelí, al berenjena o la silvestre endrina, la lila, el lirio, el higo o la uva de playa, aportando una calidez que anula el frío del acero. 

    No siempre en escultura interesa que se observen las vetas de la madera pues ha de haber un predominio de las formas que nada debe distraer, pero en este caso considero que es acertado el marcar estos matices, pues creo que el artista aquí ha elegido voluntariamente otro juego, el dar expresión y contenidos a través de una composición externa a la base central de la escultura, como observamos en esta y otras piezas, y sin duda lo consigue.

    Una vieja maquina de escribir alemana, de marca Voss, da el nombre a Ritmovoss, incorporación que vemos en el cabello con las teclas en vertical o el bigote con las varillas sin teclas, contrapuesto en posición. El eje de la cara está marcado por una línea vertical que va de la frente a ese bigote nietzscheano. La madera soporte de la escultura está tintada en parte en un sanguina o rojo sangre de drago desvaído, como bañado en leche, mientras que la faz tiene un predominio lechoso con gotas de sangre diluidas para permitir, en su transparencia, observar los detalles de las vetas, ya que ese tono cármico le da una calidez que la sangre ocultaría.

    Antes hemos hablado de dos piezas realizadas partiendo de una mecedora rota, y hay una tercera escultura, que parece como ellas ser madera de haya, muy dura y de uso frecuente en sillas. Es una escultura cuya silueta forma una figura humana y lleva por título Ritmotab, abreviatura de “tabalet”, que en valenciano significa tambor, pues la figura es un personaje que camina al ritmo del tambor que va tocando, como muestra ese pie suspendido en el aire, mientras la cabeza marcha erguida y la mano marca los redobles. Una vez más aquí el acierto está en lograr el movimiento, el volumen y la armonía, todo con la mayor simplicidad, como si fuera un boceto hecho a lápiz o plumilla, a mano alzada y realizado en un instante.

    Muchas de estas esculturas admitirían el tamaño monumental y traducidas a otros materiales podrían estar perfectamente en cualquier espacio urbano, incluso desposeídas del color o al desnudo resaltarían su potencial, y los transeúntes disfrutaríamos contemplándolas, en vez de bibelots o piezas sin concepto ni carácter que con frecuencia tenemos que soportar. 

    Viendo estas obras se puede deducir que el artista antes de realizarlas las ensoñó como existentes pues consigue, algo que debiera hacer todo escultor pero que en la actualidad no es tan frecuente, la conjunción de elementos diversos y dispares dándoles una unidad de modo que resulten naturales, aunque nos sorprendan.

    Ritmoarp sería el “ritmo de la arpía”, sin duda por las letras de latón teñidas que lleva en la frente, de la que nace la cara, aquí totalmente en plano. Una vez más elementos dispares logran la armonía del conjunto, como ese hierro con pátina de óxido, con forma de lagarto, que marca la nariz, y aprovecha la cola para marcar una ceja, lo que compensa la composición del ojo más pequeño. La cabeza está rellena de cruces de latón, mensaje de que la arpía, ser de naturaleza maligna, lleva en su interior la muerte, y que aquí al ser cruces metidas en la cabeza se podría interpretar como crítica al poder abusivo que ejercen las religiones.

    Basset mantiene la coherencia y continuidad en su obra, aunque de forma completamente diferente a las anteriores exposiciones, que eran en hierro y aluminio, así en Eccehomo 6 los títulos eran marcas de coches, algo que aquí manifiesta en Ritmoquatre, y el tema de la música estaba en algunas figuras de guitarra, y se repetía en la exposición de Bassetmetamorfosis, al igual que en esta exposición con la mecedora-guitarra o los dulzaineros y tamboriles, donde vemos que temas y conceptos son una constante en su obra. 

    El título de esta exposición es perfecto, Ritmos, dado que es fiel reflejo del movimiento que consigue dar a las figuras, pero también hubiera podido denominarla Tótems, pues son figuras poderosas, y diría que muchas de ellas con potencial de reliquia, aunque ello no estuviese en la intención del escultor. Joseph Basset consigue el equilibro entre lo estático y lo dinámico, algo que en apariencia puede parecer contradictorio pero que no lo es.
 
    Los dibujos de otras exposiciones de Basset eran a tinta china, pluma y acuarela, aquí los dibujos parten de una fotografía, que Joseph ha realizado partiendo de arrugar bolsas de plástico o papel de seda, y luego recorta las fotos y realiza un collage, según le sugiera la imagen formada, algo parecido a leer en las nubes o la proyección de sombras.

    Como la interpretación de este juego es subjetivo, conforma la figura, perfilando las líneas con tintas, ceras o grafito. Algunos los circunscribe como en una matriz, que puede abarcar toda la figura o sólo parte. El tono es predominantemente blanco, en múltiples matices, blanco sal o sake, blanco lino o lila, blanco nácar o narciso, blanco ópalo o nardo, blanco perla o plata, blanco cera o caolín, blanco algodón o flor de acacia, corteza de álamo blanco, blanco arcilla, blanco arroz o de ámbar, blanco azúcar o coral blanco, blanco cisne o nieve a medio derretir, todos tonalidades próximas ya que sólo pretende dar un aura que ayude a ensoñarlos. 

     Algunas figuras diría que tienen un halo fantasmal, otros rostros están serios o muestran asombro, las hay con mueca de tristeza o tal vez miedo, pero ninguna alegre o sonriente. Esto va en consonancia con los blancos, que son tenues, apagados pero ninguno luminoso.

    Es difícil señalar alguno en particular, dado que todos van sin título, pero el conjunto es sorprendente. Se trata de un estudio muy interesante, que merece una exposición independiente de las esculturas, pues estas son tan poderosas que los visitantes pueden pasar por los dibujos sin el detenimiento que requieren. 

    En definitiva, una exposición donde Basset demuestra su oficio, una imaginación poco común y un lenguaje propio, que es a lo que debe aspirar todo artista. Uno sale de la contemplación de sus obras con la seguridad de haber visto arte de verdad, y desea con impaciencia su próxima muestra.

                                         (*) Scardanelli.
(Exposición de Ritmos, de Joseph Basset. Ra del Rey. Espacio de Arte. Madrid, 2013)
(*) La poeta Encarnación Pisonero firma con el nombre de Scardanelli los textos sobre artes plásticas. Es miembro de AMCA, AECA y AICA.



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EL SHAMAN DE LOS SUEÑOS

A Graham Palfrey-Rogers, escultor

Bajo los olivos derrama la luz las semillas.
                             Ingebor Bachmann



          Todo a veces puede no ser suficiente. Luzbel era el príncipe entre los príncipes, el ángel primero en jerarquía y belleza, un racimo de estrellas inundando el espacio. Soñaba con mundos nuevos y otro fluir del tiempo, algo que intuía y no acertaba a definir. Y así, poco a poco, sus alas se hicieron pesadas hasta llegar a desprendérsele. Era extraño vivir sin levitar. Ahora no se atreve a contemplar su imagen en el espejo y acostumbrado al vértigo le abruma la lentitud del instante y decide de urgencia ponerse unas ruedas en los pies para acortar distancias. 

          Todo había ocurrido tan deprisa que no podía asimilar el cambio. Pensó primero en buscar un sitio solitario para encontrar el sosiego y comenzar de nuevo. Tal vez refugiarse entre las cumbres nevadas de un blanco salvaje, en recuerdo de la antigua luz, fuese un buen principio. Perdido en aquél valle, al abrigo sólo de los íntimos, su espíritu hallaría la armonía y el tiempo que no se detiene y aquél que se perdió. La Alpujarra granadina con su Sierra Nevada era un lugar idóneo, un paisaje apropiado donde encontrar su paraíso, porque la caída del ángel no había borrado la belleza primera ni el conocimiento.


          Durante los sueños de las grandes conquistas y las hermosas tempestades viajó por las ciudades de la tierra buscando el arte más puro. Londres, París y Nueva Yorch junto al África primitiva, el viejo Oriente y las antiguas culturas amerindias y australianas. Sus pupilas se impregnaron con imágenes nuevas y su mente era el caldero donde hervían todas las ideas. Requería aislarse de elementos, vivir la creación en la máxima pureza, dejar el espíritu desnudo y entregarse a la vocación que se haría destino al atrapar el tiempo que forme a la materia y se haga cuerpo de escultura. 

        Que nadie se sorprenda de lo dicho hasta ahora porque el corredor de fondo es el único que sabe del verdadero sacrificio que conlleva el camino hasta la meta. Y hay que llegar muy alto para bajar muy hondo y renacer con más fuerza para subir aún más alto. Y esto lo digo porque conozco la obra de Graham Palfrey-Rogers y al hombre en su entorno y en su hábitat.

          Ninguna de sus obras es debida al azar. Nada en ellas es fortuito ni anecdótico ni acorde con las modas o el gusto de los críticos. Cada detalle encierra un bagaje de años, de trabajo, de estudio y de meditación. Y la libre elección de su retiro y el ascetismo impuesto indican una profunda vocación.

          No hay que confundir con la decoración el trabajo reposado y sereno que no marca el tiempo de la entrega aunque suponga una vida. Porque se paran los relojes cuando empieza por pensar como expresar el símbolo, que arranca de formas ancestrales y recorre la historia hasta las nuevas técnicas, para dárselo a sus contemporáneos y compartir esa transmutación que exige el verdadero arte que toma al artista como matraz y alambique de múltiples destilaciones antes de convertirse en alimento del espíritu. 

          Se puede decir, y se debe decir, que Palfrey-Rogers es un artista completo, porque su obra parte del pensamiento, donde se incluyen la filosofía, la física, la música, la literatura, el teatro y la poesía, y esto sin olvidar los inventos técnicos. Todo ello se materializa después en la escultura, siendo ésta última su preferente campo al que incorpora, la pintura, el collage, la cerámica y los artilugios mecánicos. 

         El hombre es animal simbólico y esto le afecta, aunque sea inconscientemente, en sus concepciones, creencias y manifestaciones de conducta. Una idea puede ser símbolo y evocar, representar o suscitar, y las manifestaciones plásticas de Palfrey-Rogers son símbolos sugestivos, son metáforas de su poética.
 
         El arte primitivo (especialmente el africano), los ídolos de las antiguas civilizaciones (con preferencia la maya y la azteca), las mil y una noches (de la literatura árabe), las costumbres pompeyanas (dentro del mundo romano), los tótems indios (norteamericanos o australianos) y los fetiches (de todas las culturas), se mezclan con los avances de la técnica actual. Todo en una convivencia perfecta y armónica, acompañado siempre de una nota musical o poética. Tal vez haya descubierto en su sabiduría que la música y la poesía son las notas idóneas para llegar a la mente y al espíritu del hombre.

          La pirámide es un símbolo en las obras de Palfrey-Rogers. Así en la Fábrica (o Tower of Babel), en madera, latón y pintura, aparecen sobre la gama transversal de la veta de la madera, resaltada en negro, tres cuadrados y un círculo, todos en posición vertical. En uno de los cuadrados inscribe buriles, punzones y pequeñas herramientas de trabajo. Los otros dos son como pequeños alfiles donde destaca una de las tres figuras que los componen, lo que podría interpretarse como realce de la figura del hombre si se tratase de una composición familiar. Aunque también podría tratarse de elementos estéticos sin más. Y el círculo, que va en la cúspide de la pirámide, es una rueda radiada, como de carro o ruleta, aunque me inclino más por esto último porque incorpora una bolita roja detrás de uno de los radios, lo que indicaría más un juego o símbolo temporal.

        También aparece la pirámide o triángulo en Juego Antiguo Romano, donde fija en el plano monedas irregulares de cerámica patinada que se confunden con bronce por la perfección de la pátina. Hay una llave, una ajorca y una cabeza de medusa o boca de la verdad, y lo demás son monedas con símbolos eróticos ya sea el pene erecto o parejas copulando. Lo que nos recuerda los pórticos y vestíbulos de las casas pompeyanas donde abundaban estos signos como indicadores de riqueza. 

       Y es una pirámide obelisco La Guitarra Andaluza y hay alguna más en su Estudio, aún sin nombre y sin exponer, con volumen y mecanismos que la hacen transportable, que me recuerda a alguna antigua máquina de guerra incorporada a un paisaje azteca. Y algo parecido veo en la Torre del Mar, también llamada (Teatro del Mediterráneo) que bien pudiera esconder en su vientre algún caballo aunque no fuera el de Troya, pues como su propio nombre indica hay algo de teatro escondido en algunas de sus esculturas donde la mayoría de las veces sólo vemos el escenario y el desarrollo de la escena tiene que imaginarlo cada espectador.

         Conviene recordar la incorporación de móviles en muchas de sus obras que son verdaderos artilugios a base de mecanismos al uso en el ámbito rural, bien con ruedas en la base, objetos giratorios incorporados en puertas o ventanas que se abren en el cuerpo de la escultura, con predominio de bolas blancas (de marfil o mármol), rojas o de bronce, que tienen función propia, no mero adorno, y que están en perfecto funcionamiento para ser usadas.

         La música es muy importante en sus manifestaciones, consecuencia lógica de su trabajo como director artístico del Magical Mistery Tour de los Beatles y su relación con los grupos musicales. Varias esculturas son cuerpo de guitarra, algunas más pictóricas como la Andaluza pero la que quiero señalar ahora es la que denomino (pues ignoro su nombre) Mujer Guitarra, que tiene una pirámide por cuerpo de mujer y la cabeza es también una pirámide invertida.

      La guitarra es el instrumento musical que predomina aunque hay también algún violonchelo y he creído reconocer en algunas esculturas algo de las antiguas máquinas de discos. Pero en su obra la música se percibe en la armonía de sus composiciones más allá del detalle de su objeto. Sus esculturas contienen algo de la música de las esferas, tal vez ese ángel que perdió las alas, que citaba al principio, sea el responsable de que gocemos de esa música. 

        El sexo únicamente se resalta en aquellas piezas que verdaderamente lo justifican, así en La Pareja o en el Juego Antiguo Romano antes citado. Y entonces se señala en su verdadera potencialidad o en ejercicio, pero ocupa el justo lugar dentro del cuerpo humano, quiero decir que se deduce claramente que el sexo es simplemente una función más dentro de la vida del hombre.

         La Bruxa es una canoa primitiva o una piragua, y también un arco. Aquí, al igual que en muchas otras obras, se mezcla y confunde lo antiguo y lo moderno, y a la vez la pieza suele ser múltiple y aunque nunca pierde la unidad de conjunto se diría que cada parte tiene entidad propia independiente.

       Los títulos La Bruxa y El Shaman creo que no son casuales pues la antropología tiene un gran peso en su obra, y en los pueblos primitivos el brujo y él chaman tenían la función curativa del cuerpo y del espíritu. En la civilización actual las religiones han sido desposeídas de su verdadero sentido y Palfrey-Rogers considera que el arte puede ejercer esa función, y en obras como el Zen tanto el nombre como la composición provocan serenidad por su belleza y armonía incitando a la meditación.

        Entre sus materiales predominan la madera, el latón, la arcilla, el hierro, el metal, las cuerdas enrolladas, y las más variadas cosas cuando incorpora el collage o cualquier elemento válido para su juego como las latas de bebidas en Canned Insky, o las esferas en Die Walkure, en Lágrima del Cangaciero, en Zen, en Juana de Arco o en el Ángel Caído, por citar sólo algunas, pues la esfera es el elemento que más se repite en sus obras. Y no hay que olvidar que la esfera es símbolo de perfección en todas las culturas. 

         Todas las obras de G. Palfrey-Rogers son de una pulcritud y perfección de síntesis que sorprende. Sólo con la máxima exigencia se puede conseguir que no haya ningún elemento que estorbe o que fatigue y distraiga la mirada. Nada está de más, nada sobra y nada falta, es como si hubiera encontrado la cuadratura del círculo. Su obra contiene cierto constructivismo, quizás su geometría con cuadrados, rectángulos, triángulos, cruces de planos y mágicas esferas sean simple figuración simbólica consecuencia de su perfeccionismo, pues ignoro si sus planteamientos parten de la alta metafísica, de las series áureas o de la aplicación de raíces matemáticas. Pero nada importan la técnica o el método que emplee en su trabajo al contemplador de sus obras que no tiene más que mirarlas para gozar de su belleza, pues cada obra de Palfrey-Rogers no sólo es grata a la vista sino que trasciende los sentidos y comunica la armonía que encierra y que no es otra que la puesta por el artista. 

        Pero un hombre tan exigente con su trabajo y consigo mismo, que busca la perfección, no facilita sus claves sino que exige del espectador que quiera ir más allá del placer estético un esfuerzo propio. Una muestra de este proceder sería La Máquina de Escribir cuyo teclado son piezas de cerámica en caracteres egipcios. 

          El teatro es otra de las artes que incluye en su trabajo no sólo en los escenarios que incorpora en sus esculturas, que unas veces nos muestra y otras apenas se insinúan a través de puertas o ventanas misteriosas. Así en El juego de Conejo aparece en primer plano el telón de un escenario que se supone dispuesto para una representación de cuento. También en sus trabajos de ilustrador de libros aparece esta faceta del teatro, donde sus dibujos tendrían algunas reminiscencias de la estética del Déco, de los escenarios de Diaghilev, rara vez del surrealismo y algo de los cuentos orientales de Las mil y una noches. En cambio las máscaras que se suponen características en las representaciones griegas y romanas aparecen raramente. Y esto no deja de ser extraño pues podría ser un elemento idóneo para la expresión de ironía y de humor que encierran algunas de sus obras.

         No es del mundo clásico grecolatino de donde más elementos toma. Sin duda le atraen e influyen más otras culturas y sobre todo el arte primitivo, por su virginidad, y como contraste la actualidad más última, referencia esta que nunca pierde, lo que le hace ser un hombre de su tiempo. Los tótems, los ídolos y los fetiches son los símbolos que mejor nos revelan sus influencias y quizá el mensaje más claro que parece comunicarnos es que el hombre es el mismo en todas las culturas y en todos los tiempos.

         No es fácil descubrir sus claves. Ignoro si el hermetismo de su mensaje es intencionado o inconsciente. El símbolo del Ángel abarca al hombre y a la obra. Hay que descender a veces para gustar y conocer el fondo de las cosas y meterse en mundos que nos son ajenos. La cábala y la alquimia no son monedas de mercado. Palfrey-Rogers es un ecléctico del mejor cuño que ha conjugado todas las culturas y las ha pasado por su propio tamiz para añadirlas algo nuevo y darnos una obra única. El hermetismo y la mística sagrada de siempre requieren el esfuerzo de los espíritus más selectos. En cualquier caso la obra de Palfrey-Rogers es de una originalidad sorprendente donde por muchos antecedentes que se encuentren se percibe el sello de un carácter propio e irrepetible, y siempre su obra nos deleita con esa música de las esferas que él ha sabido incorporarle.

                                         (*) Scardanelli.

(*) La poeta Encarnación Pisonero firma con el nombre de Scardanelli los textos sobre artes plásticas. Es miembro de AMCA, AECA y AICA.



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Los otros placeres de c.h. Casanova 

“En el principio era el caos...”
        Génesis, I



 Este comienzo que todos conocemos por la traducción de la Vulgata en lengua vernácula, Biblia que San jerónimo había vertido al latín, a partir del texto que la Biblioteca de Alejandría había encargado a setenta y dos traductores, seis por cada una de las doce tribus de Israel, más conocida por la traducción de los setenta, es una síntesis de síntesis del Talmud o historia del pueblo de Israel.

No sabemos con qué criterio seleccionaron a los setenta traductores pero sí que excluyeron a los heterodoxos, entre otros a los esenios. En cualquier caso hay que resumir mucho el Talmud, que viene a ser como nuestro Espasa no abreviado, a uno o dos tomos aunque las páginas sean de papel de fumar o papel Biblia, nombre que se ha hecho genérico.

En este hermoso libro que el lector tiene en sus manos nos encontramos con una recreación de El Génesis, uno de los libros más importantes y esotéricos (aspecto éste en general encubierto o eliminado), en versión hurtadiana, donde hace una crítica a veces irónica y otras censura implacable, constatando su anticlericalismo a lo nietzscheano.

Se trata de una crónica personalísima realizada en 1967 y con traslación a los hechos históricos del momento, donde critica al poder en todas sus formas, militar, eclesiástica, política, la educación y el manejo de masas con la prensa, la televisión o el fútbol; la democracia manipulada o el mal uso y abuso de las guerras desenmascarando la bota del nuevo imperio romano, que era entonces y es ahora EE.UU., o utilizando la fórmula clásica de los cantares de ciego que antaño recorrieran las plazas de los pueblos de España. ¡Pobres ciegos!, nunca pensaron que la hambruna que sufrieron con su oficio, pasados los años, se transformaría en el cuarto poder social.

Este Génesis atípico fue el origen o primera piedra de este libro carente de título, donde muestra su exacerbado anticlericalismo. Si el abuso de poder siempre es despreciable el calificativo es aún más fuerte si viene de aquellos que predican la moral y la caridad. Y como prueba nos deja esa Taxa Camarae(1) del Papa león X del siglo XVI, cuyo desmentido es al menos dudoso y ofende a la inteligencia, pues Lutero no planteó y ganó el mayor cisma de la historia del cristianismo por una nadería y en la década de los cincuenta aún se pagaban, al menos en España, las bulas a la iglesia para poder comer carne en época de cuaresma, y habían transcurrido cuatro siglos desde la polémica entre cristianos y protestantes.

Para saber quién es Carlos hurtado Casanova hay que retrotraerse a la primera parte del libro, los antecedentes, donde nos cuenta algo de su infancia, que como la de tantos otros niños quedó marcada por la guerra civil. Su visión infantil se centra en el campo doméstico donde la figura de la madre adquiere el papel predominante, propio de todo matriarcado al estar el padre ausente. Así la figura paterna sólo aparece de modo circunstancial y la de la madre es constante al tener la responsabilidad de sacar adelante a los hijos, pasando por penalidades de las que a ve4ces sólo el ingenio de una inteligencia notable logra lo que parecía imposible. De ahí surge esa admiración hacia la madre que no disminuye en el tiempo sino que se asienta y permanece.

Carlos hurtado realizó estudios de biología y se licenció en Arquitectura, pero en el dibujo de esa taza de la infancia- ver página –V- se ve el germen de su verdadera vocación que es más de dibujante que de arquitecto, y así se corrobora cuando narra su deslumbramiento al ver dibujar, cuando tenía nueve años, al arquitecto Eduardo Lagarde en las paredes del hospital de Afuera en Toledo (2).  

Este Casanova es polifacético, multicultural, inventor, viajero y dibujante, pues en definitiva el libro nos ofrece una mínima muestra de los magníficos dibujos que llenan sus archivos, y no deja de ser curioso que el único signo de su hacer como arquitecto sea la reproducción que vemos en portada y contraportada (abierto y cerrado), de la maqueta que realizó para 
cubrir plazas de toros, piscinas, campos de fútbol, etc. bautizándola con el nombre de Esfínter y cuya forma puede ser indistintamente circular o elíptica. Proyecto patentado que aún no se ha llevado a la práctica aunque resulte incomprensible.

Durante un tiempo impartió clases en la Escuela de Arquitectura, y llevan su sello de maestro diversos Centros Oficiales de Deportes, institutos de Higiene y Seguridad en el Trabajo, distintos tipos de viviendas, etc. perdidas en la vorágine de las nuevas construcciones en Sevilla, Barcelona, Málaga, Valencia, Madrid, Palma de Mallorca, Zaragoza, etc. aunque su interés como arquitecto, según confiesa el autor, se ha centrado especialmente en la deformación de sólidos.

Entre los amigos que comparten a la vez arquitectura y dibujo destaca su amistad con Fernando higueras, arquitecto genial y controvertido, con quien departe ideas e inquietudes en conversaciones peripatéticas o noctámbulas, en las que a uno le gustaría ser el acompañante invisible que va tomando notas de la sal y la pimienta que rigen sus disertaciones, y a veces proyectos arquitectónicos que sin duda se perderán quedando en la memoria del tiempo suspendidos, hasta que algún sensitivo los rescate para cumplir el sueño que ellos no pudieron realizar. 

Después del primer dibujo de la infancia realizado con dos años y cuatro meses, hecho del natural3 , ya citado antes como nota curiosa y significativa, los siguientes dibujos pertenecen al año 1965 y fueron realizados en el Estudio del arquitecto Fernández Shaw4 y en la Escuela de Artes y oficios de la calle la palma de Madrid5.

 La milicia la realizó en Zamora, en monte la Reina y apenas tenemos datos de la misma, salvo esos apuntes rápidos que observamos en las páginas 22-25, Conviene resaltar la nota del apunte rápido porque será una constante en sus dibujos típicos del viajero del siglo XX no del XIX, ya que entonces los viajes se demoraban en el tiempo como correspondía a los medios de transporte, y de ellos tenemos muestras notables de los ingleses que eran muy aficionados al arte del dibujo, tanto en lo arqueológico como en lo étnico. Los de Carlos hurtado están sometidos al ritmo acelerado que sufrimos en la actualidad, y además concuerdan con su carácter inquieto e hiperactivo.

El anagrama del toro, que aparece en todas las páginas, es una reproducción del que ha en el museo Arqueológico de Madrid. Es arte ibicenco, y el dibujo conseguido tiene una línea tan límpida que parece hecho de un tirón a mano alzada, sin mover la pluma, algo que my pocas veces se consigue con esta perfección, motivo suficiente para haberlo elegido, pues nada hay más poderosos que la belleza que habla por si misma, y el hecho de su repetición puede producir un efecto subliminal que envuelva al lector-espectador en un aura lumínica para gozar del conjunto inconsciente para saber cual de los múltiples significados que tiene este animal, totémico y sagrado, fue el que puso la pluma en la balanza para hacer su elección.

De su paso por la Facultad de Biológicas pudiera devenir su etapa de ganadero, donde mezcla su faceta de aventurero e investigador. El capricho se materializó en una finca de más de cuatrocientas hectáreas, por la que pasaba un afluente del río Tinto, el arroyo del Odiel, en la serranía de Aracena. Y puesto ya en faena construyó un pantano para autoabastecerse, llegando a reunir dos piaras de cerdos, ibéricos puros, donde el jamón de sus más de trescientos marranos, contrario al calificativo despectivo, alcanzó tal calidad que fue degustado por los paladares de los personajes más notables que pasaron por el Club 31 de Madrid.

El fin de esta odisea sin duda fue el estrés que supuesto el esfuerzo de sus múltiples actividades, siendo la posible causa, según el criterio de los especialistas, de la calvicie que adorna y viste el último autorretrato del autor6, que consigue el grado de mitificación por méritos propios.

Carlos Hurtado es un dibujante más de las formas que del color donde vemos un claro predominio de la línea, faceta donde aflora su formación de arquitecto pero ya hablaremos de esto más adelante.

Entre sus múltiples viajes por Norteamérica e Hispanoamérica donde ha recorrido –en todo tipo de trasportes desde destartaladas guaguas, trenes de interior, inestables avionetas o andando- México, Perú, Bolivia, Argentina, Chile, Brasil, Guatemala, nueva Orleáns (USA), etc., dibujos que mezclaron los de las ciudades españolas Toledo, Ponferrada (León), Albarracín (Teruel) o Jerez de la Frontera (Cádiz), etc. donde se ve el predominio de los detalles de su predilección en iglesias, espadañas, museos, vírgenes, cristos, altares, ménsulas o esculturas junto a la vida que palpita en la calle, lo indigenista, encontraste de la belleza del monumento sin eludir los cables del tendido eléctrico, las esquinas, los puestos demarcados, campaniles, entrecalles, barcas, paisajes o cualquier cosa que llama su atención donde se vea su gusto por la belleza y lo clásico junto al primitivismo, la simplicidad y la pureza originaria. Y todo ello por el simple placer de dibujar.

Este Casanova que no sabemos si tendrá algo que ver con el histórico coincide, al menos, en la inteligencia, en el ser joven de espíritu (una forma de inmortalidad), la habilidad, hombre de mil recursos, gran conversador y crítico, amante del conocimiento, siempre dispuesto a partir de la docta ignorancia, investigador, inventor, escultor de tallas pequeñas, irónico, viajero, buscador de lo raro y diferente, creador y diletante, independiente, siempre amigo de los amigos a los cuales no deja de sorprendernos con sus novedades y fina ironía que parte de su buen sentido del humor.

Los apuntes de desnudos fueron realizados en los talleres del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Son hechos del natural y su principal característica es la rapidez en su ejecución, que varían desde la pose de dos y cinco minutos al máximo de un cuarto de hora. Elección personalísima, aunque yo habría cambiado alguno por otros que duermen en sus carpetas.

En el apartado de viajes sigue mezclando lo español con lo extranjero, así los pueblos blancos de Cádiz, Vejer de La Frontera y Jerez de La Frontera junto a Turquía con las cuevas de la Capadocia, Estambul y los bailes de los derviches; Grecia debió conocerla bien pues tuvo como guía excepcional las lecturas de Kazantzakis. Estuvo en Atenas y en la isla de Santorini, la única posiblemente diferente del resto del múltiple archipiélago que alcanza 260 islas habitadas (cito de memoria), y muchas sin habitar; y Creta que no podía faltar, con Herakleion, la capital, donde está el palacio de la doble hacha, el laberinto del minotauro, que sin querer nos recuerda el anagrama ibicenco que asociamos con la serie picassiana de igual nombre y el sillín de bicicleta con manillar; los cementerios de La Chacarita y La Recoleta de Buenos Aires; los mohai de la isla de Pascua, etc.

Del cuaderno veneciano que realizó en el 2004, ciudad donde asistió como alumno libre para el estudio del desnudo y la anatomía artística, en la Academia Veneciana, destacan los campaniles y los puentes de todos los suspiros en esos rosas desteñidos, que tan bien le cuadran a esa Venecia decadente que todo el que la vio conserva en la memoria. 

China merece mención a parte pues es un enamorado de su estética, en especial de la caligrafía clásica, que vendría a ser el haiku del dibujo. Para ello asistió a una escuela infantil en Madrid donde enseñaban el idioma, siendo él el único adulto entre los niños chinos, y todo para aprender lo imprescindible antes de realizar el viaje a un país que para los occidentales nos resulta exótico y prácticamente desconocido.

Estuvo en Xi-han, la China de la gran muralla, que significa oeste tranquilo, aunque tranquilo allí tiene insignificado totalmente distinto al nuestro, pues la traducción es mujer bajo techo. Otro punto de su visita fue Kaifeng, que quiere decir abierto y cerrado, y cuadra a la perfección con Esfinge, nombre de la maqueta ya citada, aunque sin duda la elección fue inconsciente, y como no podía ser de otro modo para un aventurero pasó por Kasir, donde in illo tempore estuvo Marco Polo, para intentar sentir empatía con algo que siglos atrás pudieran ver los ojos del genial viajero.

Las páginas donde vemos como fondo la caligrafía china entre la niebla de los atemperados colores tienen un atractivo irresistible que penetra en el alma por la perseverancia del mirar al igual que nos ocurre cuando escuchamos repetidas veces las áreas de las óperas más famosas sin entender nada de su argumento. Y en este caso es mejor así porque dado su carácter humorísticoburlonirónico tal vez nos encontrásemos con alguna traducción heterodoxa de este agnóstico Casanova.

Los paisajes que dibuja suelen ser exquisitos como buen reflejo de sus gustos sibaritas pero sorprende la poca vegetación que hallamos, si hacemos la excepción de los árboles que es lo más parecido al hombre dentro del mundo vegetal.

Con el mundo animal ocurre algo parecido, hasta su viaje al África en 2005. Hasta entonces apenas encontramos algunas cucarachas, arañas, o burros, especie esta casi extinguida por lo que se incluye entre las protegidas. En mis recuerdos de infancia los veo como algo común en los distintos pueblos de la España rural. Los últimos que recuerdo haber visto fueron en un viaje a Santorini, hace ya algunos años, no sé si en parte debido altruismo y sin duda por el paisaje escarpado que a veces sólo permite acceder a los pueblos a través de cuestas o escaleras casi imposibles7. Terreno que se debe a la explosión que causó el volcán en esta isla, que supuso el fin de la civilización minoica, y de tal magnitud que dejó únicamente una franja alargada y estrecha como habitable. Por estas características creo que Santorini es una excepción en el conjunto del archipiélago griego, pues las restantes tienen características comunes dentro de su individualidad.

Decía, antes de esta digresión, que entre los animales hallábamos burros y algún pájaro. Todos los visitantes que han estado en China cuentan, como algo sorprendente, la ausencia de pájaros en Pekín, cuando en las aceras de la capital hay árboles de cuatro en fondo. Crimen doble que se debe ala intolerancia y el despotismo del gran Mao, que ordenó su exterminio para no perder ni un solo grano de las cosechas. Esperemos que tal error se haya mitigado con las migraciones y vuelva a su anterior esplendor o al menos a la normalidad.

Sin embargo las razones de Carlos no son por la escasez de pájaros en China. Sería interesante analizar esta característica pero ello nos llevaría más espacio del que requiere esta nota introductoria, además, como indicábamos antes el tema se subsana con su viaje al África, donde visita Namibia, Botswana, el Zambia, etc. En estos dibujos intuimos una cierta decepción al no encontrarse con esas evas de ébano que cuentan las leyendas, los antiguos viajeros y los desfiles actuales por las pasarelas de la moda, encontrándose en cambio con la dura realidad de un pueblo pobre en casi todo, excepto en la exuberante vegetación y la exótica fauna. La pobreza dominante le lleva a limitar sus dibujos al museo indigenista con elefantes, jirafas, ciervos, etc.; una multitud de focas que poblaban las playas de Carpe Cross, criadero y camposanto porque yacían las muertas entre las vivas, y un poco más allá, en la orilla del mar, el baño de los estilizados flamencos. Salvo estas excepciones sus dibujos se centran especialmente en las obras hechas por la mano del hombre.

La mayoría de los retratos de este críptico libro que debe incluirse entre los raros e inclasificables, corresponden a personajes que desconocemos pero para ver el acierto de la copia con el original basta fijarse en el autorretrato que cierra este apartado8, uno de mis predilectos.

El dibujo de lavado arquitectónico es una técnica que consiste en buscar el volumen a través de la degradación que va del color negro más intenso hasta llegar al blanco del papel, pasando por toda la gama de los grises. Técnica difícil por la pulcritud y concisión que requiere. Esto viene a colación para señalar la calidad de los dibujos de Carlos hurtado, pues la excelencia de sus dibujos motivó que fueran seleccionados para quedar como láminas modelo para los estudiantes de La Facultad de Arquitectura.

Sus dibujos tienen un predominio de la línea no del contorno ni de las sombras, y pretenden la línea continua para evitar la discontinuidad, por ello recorta los perfiles, las curvas y los picos.

El antiguo edificio, sede de la Compañía de Seguros La Unión y el Fénix, que confluye con la calle Alcalá y el comienzo de La Gran Vía, se llamó la primera nariz de Madrid por los perfiles, las curvas y los remates. Cuando la sede de la Compañía cambió su ubicación a La Castellana, aproximadamente a finales de los sesenta, se llevó la escultura del rapto de Ganímedes por Zeus que coronaba la cúpula del edificio. Los nuevos propietarios del inmueble llamado ahora Metrópolis, no sabemos si por imposición o por decisión propia, colocaron para sustituir la anterior, la escultura de un ángel alado femenino, la Victoria Alada que no alcanza la magnificencia de la antigua.

El Círculo de Bellas Artes buscó también su nariz, convocando para ello un concurso para rematar el edificio, siendo la escultura ganadora la espléndida minerva que vemos actualmente desplazada del sitio al que estaba destinada, donde no se colocó por espeso excesivo del bronce. Algo lamentable que hoy podría subsanarse, trasladando la originaria al interior del edificio y haciendo una copia en resina para que fuese en el lugar exacto. Este cambio se hizo con el grupo escultórico que estaba sobre la cubierta del Ministerio de Agricultura, antes de Fomento, situado en la glorieta de Atocha, obra del escultor Querol, trasladando la originaria, creo a la plaza de Legazpi. 

Siguiendo en esta línea se podría citar también el edificio de Correos, en la plaza de La Cibeles, del magnífico arquitecto Palacios al que Madrid debe tanto, que debido a su perfil los castizos madrileños lo llamaban Nuestra Señora de las Telecomunicaciones porque al observar bien sus líneas parece una catedral. 

Carlos ha sido siempre un asiduo de los talleres libres del Círculo de Bellas Artes, cuya característica es la ausencia de profesorado, por lo que el artista se encuentra sólo ante el modelo, lo que le permite el ejercicio de su libertad al margen del academicismo. Por este Centro han pasado infinidad de arquitectos, pintores y escultores, que dividían su quehacer entre el C.B.A. y el antiguo museo de Reproducciones Artísticas ubicado, cuando Carlos era estudiante, en el Casón frente al Retiro. Por cierto que los moldes de las esculturas de este museo, que se hicieron en tiempos de Alfonso XIII, están hechas de las originales, algo que sin duda desconocían los gobernantes que han tenido que ver en las diversas ubicaciones, razón que suponemos sea la causa de la no valoración de las escayolas que han ido quedándose en el camino ya por rotura de las piezas o simplemente desaparecidas. 

Esas visitas que fueron paso obligado de arquitectos y artistas plásticos resultó una interrelación fructífera para todos. De hecho muchos arquitectos han sido y son buenos pintores desde Matta, que empezó estudiando arquitectura con Le Corbusier, Navarro Baldeweg, Fernando higueras y Miguel Chang el chino de ambos, que abandonó los estudios de arquitectura para dedicarse ala decoración en el cine, Cincuenta y cinco días en Pekín, Juana la loca, etc.. Como hecho curioso y significativo del nivel de exigencia que entonces se pedía el sobrino de Hipólito Hidalgo de Caviedes, Rafael, que fue un magnífico dibujante, no llegó a ser admitido en Arquitectura.

Entre las múltiples habilidades de C. hurtado figura la recopilación y restauración de herramientas antiguas propias de carpinteros y escultores, adecuando su tamaño para un pequeño armario, de apenas diez centímetros de fondo, ubicado en la cocina donde tiene el torno sobre la encimera de mármol. Digo esto porque Carlos vive en el renombrado edificio del arquitecto Sainz de Oiza, conocido por el nombre de Torres Blancas, que en efecto es original pero harto difícil de habitabilidad y una locura para los decoradores dada la cantidad de paredes circulares donde apenas se hallan rectas, siendo el único vecino que mantiene intacta la estructura original del piso, algo que sólo se comprende dadas sus dotes especiales.

La distribución que ha hecho del espacio dice mucho de su personalidad. No hallaremos un gran estudio, que sería posible por metros cuadrados suficientes, habiendo preferido distribuir el espacio en pequeños compartimentos perfectamente diferenciados, arquitectura, dibujo, carpintería, lectura, etc., y todo con un orden perfecto.

Otra faceta es el grabado de cristal a mano alzada, atacando el vidrio con ácido fluorhídrico, pudiéndose contemplar una muestra en una puerta acristalada de su vivienda. También se fabrica sus propios cuadernos de trabajo eligiendo el papel, las maderas de las tapas de modo que sirvan de soporte para dibujar, los cueros para embellecer las cubiertas y los hilos o cuerdas que utiliza para la encuadernación manual. Todo ello con un gusto exquisito donde manifiesta su pasión por el objeto en sí, como lo demuestra este libro.

La pintura no parece ser su vocación. Sólo conozco un autorretrato al óleo, y esto por exigencias del guión dado que fue impuesto entre sus trabajos de estudiante. Como no hablamos de un pintor sólo diré que es un cuadro más que digno.

Ya dijimos antes que sus dibujos eran fundamentalmente a línea, en blanco y negro o mejor en negro sobre blanco, y cuando trabajo el dibujo de manchas también demuestra su maestría.

Generalmente los dibujos de color son hechos con acuarelas o bien con lápiz acuarelable. Dibuja preferentemente cuando viaje y siempre del natural, deteniéndose cuando algo le interesa aunque tenga que estar de pie o en posición incomoda. Para facilitar esta tarea se ha fabricado un mini maletín donde guarda los pinceles, la tinta, la pluma y las cajitas inglesas de acuarelas de colores que incluyen un pequeño recipiente para el agua. Si se acaba éste mágico contenido lo sustituye por saliva, y a veces la lluvia, que podría ser un impedimento, le sirve de tintero.

Es imposible saber si las gamas de colores que utiliza son como son por su visión daltónica o por gusto preferente. Así tenemos un amarillo limón que sirve el desayuno a los madrugadores con vocación de atletas, un negro humo que atenúa las nubes cuando amenazan lluvia; un rosa desteñido que hace soñar con los atardeceres antes de la puesta de sol, un crema pálido para aquellos que no se atreve con los helados de canela o ron con pasas, un malva para los soñadores tímidos que tratan de evitar delatarse con el carmesí de sus mejillas; un verde hierba para los que tienen que descansar la vista o son viajeros irredentes, un rojo anaranjado que busca la espiritualidad sin poner mucha pasión en el esfuerzo; un azul pálido para completar los otoños que con sus hojas nos alfombran los caminos, y también para los soñadores que quieran alcanzar el vuelo porque el azul, sin ningún genero de duda es el color de los sueños. 

No quiero terminar estas líneas sin hablar de su trabajo de escultor. Un escultor muy particular dado que encierra un macrocosmos en las pequeñas esculturas que compone con los materiales más insólitos. Recuerdo una cabeza máscara que titula Mirada fría, en hueso de caña (que antes sirvió para un cocido madrileño), con algún detalle encastrado en plata. La técnica de limpieza de material tan raro la depura hirviéndola con cal hasta lograr el blanco impoluto.

Con la misma técnica hay que destacar El papa, reproducida en el envés de la portada. Se trata de una calavera mitrada en hueso, con plata y piedras preciosas engastadas. Para realizar esta escultura se documentó con antiguas láminas de anatomía craneal. Obra que me hace evocar ciertos dibujos de pinturas de José Hernández, siendo sin ninguna duda mi escultura preferida.

También la titulada Mujer en ojo ajeno, está realizada en hueso y plata, habiendo acoplado en el hueco que sirve de ojo una mujer de pizarra negra, de dos centímetros y medio, una mohai encontrada en el Ecuador.

La titulada Homenaje a Cranach, reproducida en el interior de la contraportada, es un torso de mujer hecho también con hueso de caña, los pechos están remarcados con formas cóncavas y el pubis con engaste de rubí y plata. Otras esculturas son de piedra o madera, y en cualquier caso la materia que utiliza ha de resultarle sugerente como ocurre en toda obra de creación.

Convencidos de sus múltiples valores, en la última fiesta del 2004 realizad en su casa, un grupo de amigos entre los que había pintores, galeristas, poetas, médicos, escritores y diletantes (Calderón, Oteiza, Quirós, Carlota Cuesta, Ra del Rey, Scardanelli, maría Guerra, José Antonio del Pozo, Pisonero, etc.), se decidió por unanimidad nombrarle embajador plenipotenciario de las artes para toda Hispanoamérica. 

Este nombramiento añade un nuevo cargo a su larga lista de oficios y quehaceres, el de diplomático, ganado por méritos personales y como ocurre con los personajes relevantes co n el grado de doctor honoris causa. Algo que no podía faltar en el currículo de un viajero que tuvo tan ilustre antepasado.

Y para concluir este prolegómeno, que únicamente pretende dar unas pinceladas sobre personaje tan particular y diverso, sólo diré que Carlos hurtado Casanova es sin lugar a dudas un magnífico dibujante y un artista en el mejor sentido leonardiano.


                                         (*) Scardanelli.

(*) La poeta Encarnación Pisonero firma con el nombre de Scardanelli los textos sobre artes plásticas. Es miembro de AMCA, AECA y AICA.



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