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EL HACEDOR DE SUEÑOS


A Luis Ortés (pintor)

Vasari define el dibujo como “el padre de todas las artes” y cree que con él el artista muestra su personalidad más profunda. Bonnard, el primer dibujante liberado de los cánones establecidos, dice “que el dibujo es la sensación y el color el razonamiento”. La disyuntiva entre la preeminencia de ambos se mantiene en el S. XIX siendo Beaudelaire quien opina que “los dibujantes puros dibujan por la razón; y los grandes coloristas por el temperamento”. La dicotomía ha seguido planteándose hasta que la acumulación de estilos acaba en crisis, perdurando así la polémica hasta nuestros contemporáneos.

La obra de Ortés, si hubiera que encuadrarla, estaría dentro del mejor dibujo de factura clásica. La sutileza de la media tinta, la gradación delicada del blanco al negro, el trazo que, en ocasiones, llega a ser mera insinuación donde la línea, de tan imperceptible, se funde con el papel como si fuese ala de mariposa difuminada entre los dedos. Sutileza, limpidez o trasparencia que me recuerda a los lecitos áticos.

Desde este dominio de la técnica nos envuelve en diversos trampantojos con elementos exógenos a los personajes, como se ve en la mano de la postal que sirve de presentación a esta exposición, donde juega con el poder cinético del observador. Otras veces nos recuerda la técnica del punzón de plata sin llegar nunca al trazo incisivo de éste. También utiliza el collage pero con elementos propios de su pintura, ya sacados de otros cuadros que descarta o quizá hechos intencionadamente, por lo que resultan “falsos collages” pues más que pasar estos a ser pintura es pintura que sirve de collage.

Su amplia formación es autodidacta. Libros, viajes y Museos fueron sus guías hasta que un encuentro casual con Rafael Hidalgo de Caviedes (sobrino de Hipólito) hace que éste magnífico dibujante sea su maestro. Su influencia puede verse en la perfección del dibujo, una manera de dibujar poco frecuente donde estaría, junto a su maestro, con José Hernández, Miguel Condé, Alcorlo, Calderón y pocos más.

Los dibujos de Caviedes muestran un dominio del lápiz de grafito pero la temática es de tono ácido, caricaturesco y atormentado. Ortés sin embargo tiene un toque dadaista en el sentido de asociaciones absurdas y sobre todo en clave de humor, rozando ligeramente, a veces, la caricatura o el cómic, aunque esto último se ve mejor en sus esculturas, algo que le viene quizá de su paso por el pop. Pero el humor es una constante, así se ve en El Gato de Venecia, El homenaje a Bacon (donde un mono sostiene un pincho con una loncha de panceta), El Papa Inocencio (donde emula el retrato velazqueño sustituyendo la cara por la de un mono), etc.

Sorprende su dominio en el empleo del lápiz o mina de plomo y la plumilla, solos o mezclados con acuarela o acrílico, siendo más colorista cuando utiliza aislados el acrílico o el óleo. El trazo y los contornos podrían ser de Ingres, Leonardo o Botticelli, y en los deliciosos paisajes venecianos, que vemos en los cuadros El Mono de Venecia y El Gato de Venecia, nos recuerda a Canaleto o las acuarelas descriptivas de Bonington de atmósfera hipnótica, donde Turner bebe sus cielos casi etéreos.

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Otros elementos repetidos son los peces, que están descontextualizados como los pájaros, sexualidad encapsulada que anhela otro altazor. Las ruedas que calzan varios personajes, como vemos en Peregrino I y Peregrino II, son signo de lo mismo, al igual que las velas encendidas para vencer el desasosiego de ese vuelo que desalma al hombre que se sueña ángel. Sin duda Ortés está en la creencia de Valery cuando decía: “el dibujo es la más obsesiva tentación del espíritu”.


Scardanelli.


* Scardanelli es el nombre con que firma la poeta Encarnación Pisonero los textos sobre Artes Plásticas.