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Texto para la exposición de la pintora y escultora Carlota Cuesta Guardianes de pared, verticales y de bolsillo.


A Carlota Cuesta (pintora y escultora)


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Antes de hacer un recorrido literario y artístico de la angeleología he de resaltar que este es el tema de la presente exposición de Carlota Cuesta, que en las últimas obras muestra su faceta más irónica, su difícil juego de improvisaciones y sorpresas, que son desafío o reto del saber, donde las curvas y líneas se pueblan de mágicos caleidoscopios para deslumbrarnos. De ahí esa protección que nos regala el ojo que nos mira con efecto de eclipse, como un sol que se viste con el aro de Saturno para transmutar cada mirada, mientras el otro nos hace guiños de complicidad o acercamiento, clave que nos muestran estos Guardianes de pared, verticales y de bolsillo.

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El símbolo del ángel es tan poderoso que está en todas las culturas y en todas las épocas, desde los textos akkadios, los ugarísticos y los religiosos, tanto la Biblia, la Cábala o el Sufismo, pasando por la filosofía, la literatura y el arte. La Cábala recoge en orden primero a Dios en solitario, en su acto creador, antes de que aparezcan los Arcontes, y el Pseudo Dionisio llega a formular toda una teoría angélica en su Tratado de las Jerarquías Celestes.

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Trasladando el tema a la pintura no es hasta el S.XIV cuando al Diablo se le ponen alas de murciélago. Si en la literatura hay múltiples versiones, en la pintura y escultura el tema adquiere mayor dificultad, porque se trata de un ser del que desconocemos su presencia, hasta el punto que el Giotto fracasa cuando le pinta. Muchos artistas se inspiran en Pan, Eros o Nergal, el Dios babilónico, pero es un andar perdidos. La razón de su dificultad tal vez resida en que es una mascara sin rostro, la única característica común que existe entre tantas discrepancias.

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La iconografía del tema está presente en muchos pintores y escultores, con variedad de simbolismos e interpretaciones, entre otros: Masaccio, Tintoreto, el Giotto, Fra Angélico y Miguel Ángel. Patinir con el celebre Paisaje de la barca de Caronte en la laguna Estigia(en el Prado, Madrid). Bernini, Rafael, y Brüegel. Durero que pinta La familia del sátiro como si se tratase de un hombre corriente. Y especialmente W. Blake y El Bosco, este último quizá el más prolijo, con El jardín de las delicias, La ciudad de Dite (una parte del Carro de Heno), Los siete pecados capitales, Ascensión al Empíreo, Las tentaciones de San Antonio y La nave de los locos.

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Volvamos a los Guardianes de pared, verticales y de bolsillo. Cómo Carlota Cuesta ha llegado hasta aquí y cúal fue su recorrido. El mundo que nos muestra en su primera etapa, en las exposiciones de 1.974 y 1978, con títulos Como barcas tierra adentro y Desdoblamientos, es indicativo de lo que muestran los cuadros, figuras de ancianos o atemporales, con rostros de ojos vacíos, como si mirasen hacia dentro para ignorar la verdad o callarla, y alguien impidiese que cayeran los velos o fueran a la recherche de no se sabe qué. Porque el ojo es la llave de múltiples secretos.
Ojos que miran hacia dentro, que afloran del fondo de los mares entre algas, conchas y alevines que ya nacen muertos porque nunca verán la luz de las estrellas. Sólo buscan la luz o inteligencia, fascinación de lo vedado, ojo sol de todas las potencias, la fuente o manantial del deseo mayor de penetrar lo oculto y lo profundo, a través del vacío o desamparo, para tocar lo invisible un instante y atraparlo. Y es este desafío o reto del saber lo que provoca a la memoria.

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El antecedente de la presente muestra fue la exposición Ánxeles, arcánxeles e un demo (2000), donde C.C. nos da su particular visión, irónica, innovadora y singular. Todo ello nuevo y diferente para mostrarnos su mundo insólito que nos sorprende desde sus propios nombres: Ángeles protectores de sueños, Ángeles para seres rebeldes o para días nublados.

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En su vuelta a los orígenes encuentra el arte del hombre primitivo donde aún se mantienen los substratos de aquello que perdura. Las kachinas, las máscaras rituales, los objetos perdidos. Un mundo donde todo es útil, hasta lo más absurdo, y a la vez donde todo es inútil porque esto es el arte. Desde Ferrand y Cornell, Chirico y Tanguy, Schwitters y Miró, Kandisky, Calder y Malévich, Bacon y Picasso. Todo un bosque de ya nombres sagrados que ella hace propio después de trasformarlo. Así, en un cóctel ecléctico, nos hablan los ángeles primitivos, los medievales, los arcabuceros, mezclados con las kachinas y las tallas africanas en feliz maridaje.

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En estos Guardianes de pared Carlota Cuesta ha logrado una simplificación hasta llegar a la síntesis máxima del Ángel hermético, donde la línea es casi imperceptible entre las sombras. Hay un predominio geometrizante mezcla de cuadrados, triángulos, círculos o esferas que sorprende el resultado, no sólo en cada cuadro sino en cada gesto, logrando anular el verso “ningún pájaro vuela muy alto si lo hace con sus propias alas”. Porque estos Guardianes alados son nefelios casi humanos, donde el espíritu de la verdad que les ha dado la artista consigue que alcen el vuelo como el Ángel con vocación de cometa que danza cuando asciende; el Ángel homenaje a Calder que ubica las alas en distintas esferas; el de las tormentas con alas que son rayos silenciosos o el Ángel de la vía láctea que viaja por el interespacio, al igual que el Puesta de ángel se baña al sol de medianoche.

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Los ángeles de Carlota Cuesta en nada se parecen a los de otros pintores contemporáneos. Como ya señalamos antes, a esta autora no le basta la superficie plana. Una inquietud constante le empuja a la búsqueda, de ahí que inicie el juego de los collages en los cuadros o las esculturas, pues exige del arte también divertimento.
De ahí su particular mundo de relicarios, dípticos, escapularios y cajas que guardan una sorpresa que siempre nos deslumbra. Estos guardianes de bolsillo siguen la antigua tradición de las capillitas, traídas y llevadas por las santeras, que iban en peregrinaje de casa en casa, o los espléndidos Libros de Horas de reyes y aristócratas, que fueron compañía de sus viajes.

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Acierta Carlota Cuesta en este difícil juego de sorpresas, donde el azar no tiene cabida. Obra singular, innovadora, de imaginación desbordante, falsa facilidad en apariencia, amplia sabiduría alcanzada, donde la artista, intencionadamente, pretende la síntesis por decantación de lo superfluo, y cuya contemplación nos demuestra la altura que ha alcanzado al lograr la unidad que imprime carácter, el sello distintivo del creador que encuentra su lenguaje, lo que conlleva ser reconocido y perdurar en el tiempo.


Scardanelli.


* Nota:1- Scardanelli es el nombre con que firma la poeta Encarnación Pisonero los textos sobre Artes Plásticas.
  Nota: 2- Extracto del texto de 34 Págs.
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