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CUADROS DE LA MEMORIA


Para Ánxeles Penas                     

Una jácara de olas,
la noche, el mar y un sol de fuego,
fiesta y duelo de la sexta a la nona,
duermevela de un continuo presente.
Hasta la playa han llegado sus huellas
restos de un navío perdido,
reliquias que ayer fueron tesoros
ahora sólo son ruinas,
material de derribo.
Ni mascarón de proa
ni cántaros del mejor vino añejo,
sólo fustes de lanzas
que perdieron sus flechas,
sueños del desván de la vida.
Náufragos que soñaron con triunfos,
todo menos esos vestigios
que en conjunto no se aceptan por pecio,
y, a lo lejos, música de jinetes
que en su día acuciaron la espuela
sólo para oír caracolas.
Y quién sabe si el huracán
fue un suspiro de la durmiente
que habitaba en el límite.
Un camino sin tiempo
ha marcado su rumbo,
desiertos de infinitud,
mar de silencios.
Entre el buril y el lienzo
ascuas multicolores,
atanores de tierra
que antes fueron de fuego,
el guerrero, el asceta,
el torso que ansia ser ave,
espíritus de los bosques,
semilla y tótem,
árbol y piedra,
todo un mundo de sombras
transformado en sus manos,
simple naturaleza,
afán de metamorfosis,
cuadros de la memoria
presos en bajorrelieves,
predelas y retablos
de su mandala oculto.


Encarnación Pisonero.                   


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